Por lo expuesto fácil es comprender la formación de los torbellinos ígneos que desde las nubes al mar descienden, y á los cuales dieron los Griegos el nombre de serpientes de fuego, por su aspecto; figuran á veces columnas que parecen poner en comunicación las nubes y los mares y se ven rodeados de numerosas olas movidas por viento huracanado; los buques sorprendidos por el meteoro corren grave peligro: cuando la violencia del viento no es bastante para romper las nubes que lo envuelve, se extiende poco á poco hacia la parte inferior en forma de columna que descansa en el mar, ó como una masa que mediante la tensión conseguida por un brazo poderoso, desde las nubes llegara hasta las olas y por ellas se esparciera. Cuando el viento consigue penetrar en la nube con ella desciende y se introduce en las olas, que se agitan y revuelven horriblemente; la nube lo sigue en todos sus movimientos y cuando la masa que ambos forman se apodera del Océano, levanta espantoso huracán en el cual parece que el mar hierve con estrépito extraordinario.

Pero también ocurre que el torbellino del viento después que contribuye para que en los aires se junten los elementos que forman la nube, en ésta se envuelve, y en la Tierra forma una columna como la tromba marina: la nube cuando llega hasta las planicies se resuelve en huracán terrible, en viento fuerte que todo lo arrasa á su paso: verdad es que en la Tierra son raros estos meteoros porque las montañas oponen á los vientos innumerables obstáculos, en tanto que son frecuentes en los mares porque su plana superficie deja á los vientos campo libre.

Se forman las nubes cuando muchos cuerpos ásperos que vuelan diseminados por la región del Cielo se asocian de repente, y á pesar de su débil ligadura forman un tejido apretado. Al principio constituyen solamente ligeras nubes, pero éstas se reunen, se estrechan, se acumulan, é influidas por la acción del viento producen una tempestad.

Observa, además, que mientras más elevadas son las montañas, más obscurecida con una especie de vapor amarillento se nos presenta su cima, sin duda porque las nubes en el primer momento de su formación no son para nosotros perceptibles hasta que el viento las condensa; y cuando se reunen en número considerable, se aglomeran y desde los húmedos vértices de las montañas se elevan y se extienden por las aéreas planicies; la razón nos hace, por tanto, comprender que son más ventosos los sitios más elevados, y fácilmente podemos comprobar la verdad de este aserto si ascendemos á elevados montes.

De la amplia superficie de los mares la Naturaleza segrega un crecido número de corpúsculos, como lo testifica la saliginosa humedad que se apodera de los trajes colocados en la playa: esos cuerpos que del mar proceden en forma de vapores también contribuyen á la composición de las nubes; de la misma sangre se desprende vapor acuoso; de los ríos y de la Tierra surgen emanaciones cálidas que se elevan, invaden el Cielo y forman espesas nubes que por las ondas etéreas son impelidas para abajo y condensadas, y de esto modo el azul del Cielo queda obscurecido.

Puede también suceder que partículas propias de nubes y tempestades vengan de otros mundos para reunirse á las del nuestro; pues ya he demostrado que los cuerpos simples son innumerables, que son eternos, y que dotados están de suma agilidad, condición esta última por la cual en poco tiempo recorren un dilatado espacio: no te sorprenderá seguramente, el hecho de que las tempestades se desaten y las tinieblas se extiendan, desde el lugar en que empiezan á condensarse por las tierras llanas, por los montes y por el mar, supuesto que los elementos encuentran expeditas las entradas y las salidas por la mediación del fluido etéreo que forma para las moléculas aéreas como una especie de canales conductores.

492. Nunc age, quo pacto pluvius concrescat in altis...

Ahora intento explicarte el fenómeno de acumulación de vapores en las altas nubes y la manera de condensarse y formar las lluvias que riegan toda la superficie de la Tierra. Observa primeramente que de los cuerpos terrestres se desprende vapor acuoso que unido con otras materias apropiadas forman las nubes con las cuales crecen de modo parecido á lo que sucede en nuestro organismo, en el que al mismo tiempo que los miembros crecen, también aumentan los elementos del sudor, de la sangre y de otros humores: las emanaciones del mar en cantidad considerable llevadas por el viento, como vemos que algunas veces suben movidos por el aire pequeños flequillos de lana, constituyen las nubes en unión con los vapores de los ríos, y de otros muchos corpúsculos de agua provenientes de varios sitios: cuando los vapores acumulados se condensan por el soplo de los vientos, se desvanecen en lluvia, ora por la presión que el aire sobre ellos ejerce de continuo, bien porque el mismo peso de los vapores condensados aumenta la gravitación de las nubes y determina las lluvias.

Pero cuando la acción del aire ha separado mucho las nubes, por efecto del calor del Sol, la lluvia es simplemente como una destilación parecida á la que se nota en la cera, cuando impresionada por el fuego se deshace en gotas: el fuerte aguacero sobreviene cuando á la gravedad propia de los vapores condensados se une la presión y el ímpetu iracundo de los irritados vientos que obran sobre las masas de agua.

Si muchos elementos de agua en las nubes se congregan, la lluvia es muy pertinaz, y, mientras cae, los hombres se ven obligados á permanecer largo tiempo refugiados en las casas, especialmente si en una región se amontonan voluminosas nubes procedentes de varios lados y si la Tierra por medio de los vapores restituye á la atmósfera la humedad que de ella recibe y á medida que la recibe.