Tal vez en la estación estival el viento aquilón sople en las bocas del río en dirección contraria al curso de éste y al de los vientos etesios que dominan durante la misma época del año en toda aquella región; en este supuesto, las aguas, repelidas, acumuladas, llenarán sus cauces, rebosarán de ellos é inundarán los campos: sirve de apoyo á este aserto el hecho de que la corriente del viento Norte, que viene de las constelaciones heladas, es opuesta á la dirección del río, que sigue la del austro, originado en clima cuyos habitantes por la influencia del extremado calor son negros.
Quizá en la desembocadura del río durante una época en que el mar es agitado por fuertes vientos se acumulen montones de arena que levanten en esa parte el lecho del Nilo, é impidan el curso libre de la corriente y aun el desagüe de ésta.
Puede suceder que las nubes procedentes de las regiones septentrionales en tiempos dados sean impelidas por los vientos etesios, hacia las comarcas donde el río tiene sus fuentes, y acumuladas y condensadas allí, por su propia gravedad descarguen abundantes lluvias.
Y, por último, es posible que las nieves de las altas etiópicas montañas, derretidas por el calor del Sol cuando este astro dirige á la Tierra más directamente sus rayos, sirvan para acrecentar el caudal del Nilo.
736. Nunc age, Averna tibi quæ sint loca cumque, lacusque...
Ahora te explicaré la procedencia de las tradiciones referentes á los terrenos y lagos conocidos por avernos[74]. Desde luego, el nombre vale tanto como sitios dañosos para las aves, porque, en efecto, inmediatamente que en su vuelo llegan á los parajes que fueron designados con aquella denominación, impresionadas por los aires que de ellos se desprenden, olvidan el vuelo, pierden la fuerza de las alas, se precipitan con la cabeza para abajo, hacia la tierra ó hacia el agua, según el averno de que se trate. En Cumas del monte Vesubio hay uno de esta clase del cual se exhalan vapores calientes, espesos como el humo: en los muros de Atenas, precisamente en la cima de la ciudadela, hay otro cerca del cual se erigió el templo de la tritonia Palas: á él no se atreven á acercarse las rudas cornejas aun cuando el humo de los holocaustos las convide, y no porque teman el furor de la diosa Minerva, á cuyo servicio están destinadas según los poetas griegos han fingido y cantado, sino porque huyen de las exhalaciones de aquel lugar para ellas muy perjudiciales.
[74] Averna, pl. de avernus = ἄορνος = α (sin) + ὄρνιξ, χος (ave).
Se cuenta que en Siria existe otro averno á cuyas proximidades no pueden los cuadrúpedos impunemente llegar, porque al intentarlo, vapor mefítico los envenena y los deja muertos de improviso como si hubieran sido inmolados por fuerza oculta en honor de los dioses que en ellos residen. Todas las cosas han sido creadas por leyes naturales; el estudio de sus causas nos da á conocer su origen, y es necedad el creer que aquellos sitios sean las entradas del Orco por donde los manes atraen hacia las márgenes del Aqueronte á las almas de este mundo, como piensa el vulgo que la aspiración de los ciervos arrastra á las serpientes por escondidas que se hallen; escucha y sabrás que esas opiniones repugnan á la razón: acerca de este asunto me propongo hablar ahora.
Ya en otras ocasiones he dicho que la Tierra contiene un crecido número de corpúsculos de variadas figuras, que son origen de la vida, causa de enfermedades, motivo de muerte: esos principios elementales según las diferencias de su forma, de su naturaleza y de su disposición para las combinaciones, son más ó menos beneficiosos á los animales; algunos hay que nos lastiman los oídos; otros con emanaciones picantes nos dañan el órgano olfatorio; varios son peligrosos al tacto; muchos molestan al paladar; no pocos ofenden el aparato de la visión, y además hay otros cuerpos simples en escaso número que influyen en todas las sensaciones, algunas muy dolorosas, que experimentamos.
Algunos árboles con sus emanaciones producen fuerte dolor de cabeza al inadvertido que bajo su engañadora sombra se recuesta en la hierba: en los altos montes de Helicón se halla un árbol cuyas flores matan á los hombres que las huelen, y sin duda esas peligrosas exhalaciones surgen de la Tierra, la cual contiene elementos de formas diferentes, de varias propiedades, y aptos para muy distintas combinaciones. El humo de la pavesa que resulta en lámpara recién apagada tiene un olor tan incómodo é ingrato que á veces provoca ataques nerviosos á los que lo perciben; las mujeres dejan escapar de las manos la delicada labor en que se entretenían, por causa de una extremada languidez que de ellas se apodera al aspirar el fuerte olor del castóreo, especialmente si se hallan en uno de los períodos en que pagan á la Naturaleza el tributo mensual; hay también otras substancias que relajan los miembros y hacen languidecer el alma en su residencia: si se toma un prolongado baño caliente, ó bien si en él se entra después de haber asistido á opíparo banquete, hay peligro de sufrir grave daño: el olor del carbón encendido, ¿no puede perturbar nuestro cerebro si no tomamos la precaución de beber agua antes de aspirarlo? Las emanaciones del vino matan al que está abatido por fiebre ardiente: ¿no ves también que de la Tierra se deriva el azufre y en ella se conglutina el betún de infecto olor? Cuando el duro hierro descubre las minas de oro y plata, ¿no deja también paso á envenenados vapores que del fondo de ellas se exhalan? ¿dónde tienen los auríferos metales esos miasmas que tanto ofenden? ¡qué rostros, qué colores tienen los mineros! ¿no has visto, no has oído que mueren en poco tiempo y en muy temprana edad los infelices que se ven reducidos á trabajos tan duros? Necesario es que la Tierra expulse esos vapores y que éstos se dispersen por el espacio.