Esos lugares, llamados avernos, de los cuales se derivan exhalaciones mortíferas que se elevan por los aires y corrompen las auras respirables, son focos de infección hacia los que se precipitan las aves que en su atmósfera penetran influidas por la acción del veneno que aspiran, y cuando caen sus miembros se relajan y su vida se extingue: en el primer momento las domina especial angustiosa convulsión, pero después cuando sin fuerzas descienden hasta el mismo sitio donde tienen salida los venenosos vapores, sofocadas por el aire denso que las rodea exhalan el último aliento.

Puede ser también que las exhalaciones del averno corrompan el aire de tal manera que formen una especie de atmósfera viciada ó rarificada, y tan pronto como las aves lleguen á ese lugar pierdan las fuerzas y sus alas claudiquen: en ese estado no pueden las aves usar del aire ni de las alas, y caen á tierra, donde yacen después que sus almas les salen por los poros y se esparcen por el vacío.

838. Frigidior porrò in puteis æstate fit humor...

El agua de los pozos refresca en el verano porque el calor afloja las tierras y por los dilatados poros de ésta da salida á los ígneos elementos que ella misma encierra; por consiguiente, cuanto más denso es el calor que en el suelo de un lugar se experimenta, más fresca está el agua que en lo interior se oculta; y, por lo contrario, si el frío oprime y contrae la superficie de un terreno, las moléculas de calor extendidas por todas partes entran en los pozos donde permanecerán como sujetas por compresión.

Cerca del templo de Júpiter Ammón hay un surtidor de agua que, según vulgar opinión, es fría mientras brilla luz diurna y caliente por la noche: ese manantial es objeto de admiración para los hombres capaces de creer que oculto el Sol por debajo de la Tierra llena la fuente con sus fuegos mientras la noche nos envuelve con sus sombras. Pero la razón rechaza esa hipótesis; porque si el Sol, con la fuerza de sus rayos, cuando está sobre nuestro horizonte no puede por contacto directo calentar el agua, mucho menos lo podrá hacer cuando se halla debajo de nosotros, y cuando tendría que atravesar con sus fulgores una masa de espesor considerable: ¿pues no vemos que los rayos del Sol apenas dan razón de su presencia á través de los muros de nuestras casas? ¿Cuál será, pues, la causa productora de ese fenómeno? Sin duda la tierra en que se halla ese manantial es más permeable que otras y compuesta de moléculas más impresionables al calor; durante el tiempo en que las tinieblas dominan, la tierra se enfría y se contrae como si por la mano fuese apretada; entonces las moléculas de fuego se recogen en el agua y comunican su calor á ésta, que á su vez lo transmite al paladar y al tacto; y cuando el Sol naciente con sus rayos abre los poros de la tierra, pasan por ésta las ígneas moléculas y el calor escapa del agua; por este motivo es fresca durante el día la de aquella fuente. Pero además debe notarse que el agua por la influencia del calor se enrarece y pierde mediante la evaporación muchas partículas ígneas que encierra, de igual modo que otras veces expulsa las de frías nieves que en sí contiene, disuelve el hielo y desata los vínculos con que éste la retuviera.

Un manantial hay cuyas aguas, aunque al tacto son frías, hacen arder la estopa y encienden las hachas resinosas que en ellas se arrojen: esas aguas deben contener una cantidad extraordinaria de principios ígneos, y aun así, no tienen bastante actividad para calentar sus raudales. Una especial influencia obliga á sus moléculas á elevarse desde el fondo de la fuente á la superficie del agua y dispersarse en los aires, como surtidor de agua dulce que brota en el mar y separa á un lado las ondas salíferas. Hay, con efecto, regiones en que el mar ofrece á los navegantes sedientos un surtidor de agua dulce, libre de sal: de un modo parecido en aquellos otros sitios se escaparán de los manantiales algunos elementos ígneos que sirvan para inflamar la estopa y las teas, pues tanto la una como las otras se componen también de partículas comburentes. ¿No has reparado que si á una lámpara apagada aproximas una luz vuelve á encenderse aun antes de que ésta la toque? ¿No sucede lo mismo con la tea? Otros muchos cuerpos hay que arden sólo por las exhalaciones del fuego y sin necesidad de ponerse en contacto con éste: una cosa parecida á la que indico debe ocurrir en la mencionada fuente.

904. Quod superest, agere incipiam quo fœdere fiat...

Ahora trato de inquirir la ley de atracción que sobre el hierro ejerce la piedra por los Griegos llamada magnética del nombre de la provincia de Magnesia en que tiene su nacimiento; á los hombres causa admiración el ver que varios trozos de la citada piedra forman una cadena de anillos, que se sostienen por recíprocas atracciones, y que algunas veces cinco piedras ó más, adheridas las unas á las otras, aunque agitadas por el viento no se desunan: tan activa es la energía que desarrollan.

Para explicar cierto orden de hechos hay que establecer algunos principios elementales que faciliten los medios para llegar á la posesión de la verdad: te pido, pues, que me concedas atento oído y ánimo sereno.

Si vemos los cuerpos es porque de todos surgen emanaciones que se extienden por nuestro alrededor, tocan nuestros ojos y determinan la visión: de muchos se exhalan moléculas odoríferas como del agua se desprende frío, del Sol calor y de las olas del mar el vapor saliginoso que socava los edificios situados en la playa: las ondas sonoras nunca dejan de impresionar nuestro oído; paladeamos el sabor de sal mientras pasamos por las orillas de los mares, y nos incomoda el amargor del ajenjo cuando asistimos á su preparación. Luego es indudable que todas las cosas tienen desprendimientos moleculares que afectan nuestros sentidos; y no hay quien no admita que alguna vez sufran intermitencias esas emisiones, pues es un hecho que en todo momento la vista, el olfato y el oído pueden impresionarse.