16 y diciendo: ¡Ay, ay, de aquella gran ciudad, que estaba vestida de lino finísimo, y de escarlata, y de grana, y estaba dorada con oro, y adornada de piedras preciosas, y de perlas: porque en una hora han sido desoladas tantas riquezas!
17 Y todo gobernador, y toda compañía que conversa en los navíos, y
marineros, y todos los que trabajan en la mar, se estuvieron de lejos:
18 y viendo el humo de su encendimiento, dieron voces, diciendo: ¿Cuál era
semejante á esta gran ciudad?
19 Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando, y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay, de aquella gran ciudad, en la cual todos los que tenian navíos en la mar, se habian enriquecido de sus riquezas: que en una hora ha sido asolada!
20 Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos apóstoles, y profetas: porque Dios ha juzgado vuestra causa contra ella.
21 Y un ángel fuerte tomó una piedra como una grande muela de molino, y la echó en la mar, diciendo: Con tanto ímpetu será echada Babilonia, aquella gran ciudad: y no será jamás hallada.
22 Y voz de tañedores de arpas, y de músicos, y tañedores de flautas, y de trompeta, no será mas oida en tí: y todo artífice de cualquier oficio, no será mas hallado en tí: y ruido de muela no será mas oido en tí:
23 y luz de candil no alumbrará mas en ti: voz de esposo, y de esposa no será mas oida en tí: cuyos mercaderes eran príncipes de la tierra: en cuyas hechicerías todas las gentes han errado.
24 Y en ella ha sido hallada la sangre de los profetas, y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.