CAPITULO 8.
1 Y COMO descendió del monte, le seguian muchas gentes.
2 Y hé aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres,
puedes limpiarme.
3 Y extendiendo Jesus su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego
su lepra fué limpiada.
4 Entónces Jesus le dijo: Mira no [lo] digas á nadie; mas vé, muéstrate al
sacerdote, y ofrece el Presente que mandó Moisés, para testimonio á ellos.
5 Y entrando Jesus en Capernaum vino á él un centurion, rogándole,
6 Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado.
7 Y Jesus le dijo: Yo iré, y le sanaré.
8 Y respondió el centurion, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de mi techado: mas solamente dí la palabra, y mi mozo sanará.
9 Porque tambien yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo á éste: Vé; y va; y al otro: Ven; y viene; y á mi siervo: Haz esto; y [lo] hace.