33 Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que
posee, no puede ser mi discípulo.

34 Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida ¿Con qué se adobará?

35 Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. Quien tiene oidos para oir, oiga.

CAPITULO 15.

1 Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.

2 Y murmuraban los Fariséos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.

3 Y él les propuso esta parábola, diciendo:

4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?

5 Y hallada, [la] pone sobre sus hombros gozoso;

6 Y viniendo á casa junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme
el parabien: porque he hallado mi oveja que se habia perdido.