30 Y al dia siguiente, queriendo saber de cierto la causa por que era acusado de los Judíos, le soltó de las prisiones, y mandó venir á los príncipes de los sacerdotes, Y á todo su concilio; y sacando á Pablo, le presentó delante de ellos.

CAPITULO 23.

1 ENTÓNCES Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el dia de hoy.

2 El príncipe de los sacerdotes, Ananías, mandó entónces á los que estaban
delante de él que le hiriesen en la boca.

3 Entónces Pablo le dijo: Herirte ha Dios, pared blanqueada: ¿y estás tú
sentado para juzgarme conforme á la ley, y contra la ley me mandas herir?

4 Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices?

5 Y Pablo dijo: No sabia, hermanos, que era el sumo sacerdote; que escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás.

6 Entónces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saducéos, y la otra de Fariséos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo Fariséo soy, hijo de Fariséo: de la esperanza y de la resurreccion de los muertos soy yo juzgado.

7 Y como hubo dicho esto, fué hecha disension entre los Fariséos y los
Saducéos; y la multitud fué dividida.

8 (Porque los Saducéos dicen que no hay resurreccion, ni ángel, ni espíritu;
mas los Fariséos confiesan ambas cosas.)