24 ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?

25 Gracias doy á Dios, por Jesu-Cristo Señor nuestro. Así que yo mismo con la mente sirvo á la ley de Dios, mas con la carne á la ley del pecado.

CAPITULO 8.

1 AHORA pues ninguna condenacion [hay] para los que están en Cristo Jesus,
los que no andan conforme á la carne, mas conforme al Espíritu.

2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesus me ha librado de la ley
del pecado y de la muerte.

3 Porque lo que era imposible á la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando á su Hijo en semejanza de carne de pecado, y á causa del pecado, condenó al pecado en la carne;

4 Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos
conforme á la carne, mas conforme al Espíritu.

5 Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne
se ocupan; mas los que conforme al Espíritu, de las cosas del Espíritu.

6 Porque la intencion de la carne [es] muerte; mas la intencion del
Espíritu, vida y paz.

7 Por cuanto la intencion de la carne [es] enemistad contra Dios; porque no
se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede.