12 Enseñándonos que, renunciando á la impiedad y á los deseos mundanos,
vivamos en este siglo templada, y justa, y piamente,

13 Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestacion gloriosa
del gran Dios y Salvador nuestro Jesu-Cristo,

14 Que se dió á sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y
limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

15 Esto habla y exhorta, y reprende con toda autoridad. Nadie te desprecie.

CAPITULO 3.

1 AMONÉSTALES que se sujeten á los príncipes y potestades, que obedezcan,
que estén prontos á toda buena obra;

2 Que á nadie infamen, que no sean pendencieros, [sino] modestos, mostrando
toda mansedumbre para con todos los hombres.

3 Porque tambien éramos nosotros necios en otro tiempo, rebeldes, extraviados, sirviendo á concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciendo los unos á los otros:

4 Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y [su] amor para con los hombres,

5 No por obras de justicia que nosotros habiamos hecho, mas por su misericordia nos salvó por el lavacro de la regeneracion, y de la renovacion del Espíritu Santo;