22 Habiendo purificado vuestras almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, en caridad hermanable, sin fingimiento, amáos unos á otros entrañablemente de corazon puro:
23 Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por
la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.
24 Porque toda carne es como la yerba, y toda la gloria del hombre como la
flor de la yerba: secóse la yerba, y la flor se cayó;
25 Mas la palabra del Señor permanece perpetuamente. Y esta es la palabra
que por el Evangelio os ha sido anunciada.
CAPITULO 2.
1 DEJANDO pues toda malicia, y todo engaño, y fingimientos, y envidias, y
todas las detracciones,
2 Desead, como niños recien nacidos la leche espiritual, sin engaño, para
que por ella crezcais en salud:
3 Si empero habeis gustado que el Señor es benigno;
4 Al cual allegándoos, que [es] la piedra viva, reprobada cierto de los hombres, empero elegida de Dios [y] preciosa,
5 Vosotros tambien, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables á Dios por Jesu-Cristo.