El mono saltó sobre el perro, y en él se montó imitando al hombre; caballo perruno y caballero cuadrumano, salieron corriendo por el bosque.
El águila se remontó, diciendo:—El hombre mató al león; hay que subir mucho para que no me alcance; ¿quién sabe si algún día me alcanzará?
CASILDA
I
ERA el rey de Toledo el moro Almenón, con quien el rey de Castilla don Fernando el Grande mantenía cordial amistad.
Este rey moro tenía una hija muy hermosa y compasiva, llamada Casilda.
Una esclava castellana contó á la hija del rey moro que los nazarenos amaban á su Dios, y á su rey, y á sus padres, y á sus hermanos, y á sus esposas.
También contó la esclava á la hija del rey moro, que los nazarenos nunca quedan huérfanos de madre, porque cuando pierden á la que los concibió, les queda otra, llamada María, que es una madre inmortal.
Pasaron años, pasaron años, y Casilda fué creciendo en cuerpo y en hermosura y en virtud. Se le murió su madre, y envidió la dicha de los huérfanos nazarenos.
En los confines del jardín que rodeaba el palacio del rey moro, había unas lóbregas mazmorras, donde gemían, hambrientos y cargados de cadenas, muchos cautivos cristianos.