Y haciendo una señal de aceptación el médico, extendió la mano hacia Castilla, y dijo:
—Allí hay unas aguas purificadas que han de completar la salvación de la virgen musulmana.
Y al día siguiente, la princesa Casilda pisaba la tierra de los nazarenos, acompañada aún del médico venido de Judea.
VI
Casilda y el médico venido de Judea caminaban, caminaban, caminaban por la tierra de los nazarenos, y al fin se detuvieron á la orilla de un lago de aguas azules.
El médico tomó algunas gotas de agua en el hueco de la mano, y exclamó, derramándolas sobre la frente de la princesa:
—¡En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, yo te bautizo!
Y la princesa sintió un bienestar inefable, parecido al que allá en su niñez le había contado la esclava nazarena que sentían los bienaventurados en el paraíso.
Y sus rodillas se doblaron, y sus ojos se fijaron en la bóveda azul del cielo, y en torno suyo resonaron dulcísimos hosannas, que la hicieron volver la vista á su alrededor.
El medicó venido de Judea no estaba ya á su lado, que cercado de vívidos resplandores se elevaba hacia la bóveda azul del cielo.