Lo grave de la decisión estuvo en el color elegido, y acaso únicamente en el color, pues el uso de cintas como distintivos políticos se pierde en los siglos. Como primer antecedente argentino figuran las escarapelas repartidas por Beruti y French a los patriotas de 1810. Pero Urquiza necesitaba apoyarse en los mismos servidores de Rosas, y en el color residía el secreto. Claro es que si la cinta colorada le aportaba el concurso de los federales, despertaba la desconfianza o engendraba la “fobia” en los unitarios. ¿Adónde habría ido a parar la inspiración de Sarmiento, provocada por el color colorado, si Urquiza elige el azul? Pero todo el mundo sabe que en la época de Rosas no existía este color en Buenos Aires.
La cinta colorada o cintillo—después de ser aceptado—fué el pretexto para el repudio y el encono, atribuyendo al vencedor el propósito oculto de substituir la tiranía de Rosas por la propia. Pero se escondió en los revueltos pechos la causa verdadera que era el afán de reemplazarlo en la tarea de la organización de la República. ¿Y quiénes hubieran realizado esa organización? ¿Los unitarios que dirigieron sin acierto la campaña militar que dió el triunfo completo al general Oribe? ¿Los unitarios civiles que, dispersos de Montevideo a Chile y del Brasil a Bolivia no habían podido juntar los medios eficaces de derrocar a Rosas desde 1835 a 1852, cayendo en el error de creer que si la pluma bastó para engendrar el desprestigio de un déspota, pudo también unir pueblos desarticulados por el odio y trabajados por la desconfianza? ¿Cuál era el hombre capaz de ocupar la posición de Urquiza, por valimientos propios, considerando valimientos para las funciones de gobierno desde el factor de la riqueza material, que afianza la independencia de la conducta y facilita la ayuda a los demás, hasta el claro conocimiento de las necesidades de todo el territorio a gobernar, y desde el talento de clasificar y medir hombres e intenciones, hasta las galas del valor físico, necesario a demostrar en todo la superioridad señalada por el medio?
Urquiza celebra conferencias con los hombres distinguidos que concurren a Palermo, jóvenes o viejos, provincianos o porteños, militares o civiles.
Tenía del gaucho de la tierra el astuto disimulo y una sin igual penetración para distinguir el valer positivo del mérito ocasional. Mezcla y lucha de claridad interior y de vacilación externa, concebía el problema sin poseer los medios mentales para resolverlo, como que su instrucción sólo le permitía la resultante pero no los términos. Era clara su visión y podía, con mano firme, realizar el trazo; pero, faltábale la línea y el color.
Muy conocedor de hombres, prefería siempre oírlos. Su silencio era en él una facultad equivalente a la función de asimilación de cuanto convenía a su espíritu. Escaso de dulzura para atraerlos por los recursos ondulantes, hoy tan esparcidos en política, elegía el camino más corto para que lo entendieran.
Entre las variantes de los caudillos argentinos, carecía de la generosidad de Facundo, del donaire de Ramírez, de la mansedumbre de Benavídez, de la implacable y fría exterioridad de Rosas, de la hipocresía de López. Su gran pasión fué poseer tierras. No hubo señor feudal más rico en campos. La más enorme de sus satisfacciones era dominar el horizonte de una altura y descubrir con sus ojos los límites infinitos de sus posesiones para no hallarles término.
Sarmiento no mereció de parte del general Urquiza la distinción del intercambio de ideas políticas, por lo que resolvió de pronto pedir licencia para trasladarse a Río Janeiro y de allí volver a Chile. ¿Qué había acontecido? Hasta tanto lleguemos a la explicación cierta de tan repentino alejamiento, digamos que su amor propio comenzó a sufrir desde la travesía del ejército donde sólo se le distinguía con el mote de “El Boletinero”.
¿No supo mantener, o en aquel ambiente complejo no le quisieron acordar, la autoridad moral a que era acreedor por sus antecedentes intelectuales, y antes de un rompimiento, prefirió la deserción voluntaria? Más adelante se verá el fundamento de esta duda.