Es un realista sin prejuicios y sin las groserías de Rabelais. Es el padre espiritual de Renán, de Anatole France, de la sonriente ironía francesa también heroica. Es la resurrección, al través de las letras latinas, de la mentalidad griega tan poco respetuosa de los dogmas, tan poco asustadiza de los misterios, tan poco sorprendida de lo nuevo, que aceptó sin mayores preocupaciones el todo o la nada de la vida.
Febrero 1919.
LOS SENTIMIENTOS MORALES, ESTÉTICOS Y RELIGIOSOS
Por RODOLFO SENET
Profesor de la Universidad de Buenos Aires
La religión y los sentimientos éticos
Tener una religión sin poseer sentimientos religiosos, es no tener nada. Los sentimientos religiosos deben ser siempre previos a su sistematización y sintetización en forma de religión.
La ética que se basa en los principios religiosos, es ultraegoista. El estudio de la gran mayoría de los preceptos morales que surgen de esa fuente, comprueban con toda evidencia el aserto. Tomaré el tan difundido “Haz bien y no mires a quien”, que sólo obedece a que, persiguiendo el sujeto beneficiarse a sí mismo, claro está que sea indiferente el individuo sobre quien recae la acción. El benefactor lo es, ante todo, de sí mismo, puesto que su buena acción no quedará sin su premio correspondiente y se sumará en su haber. Si bien es cierto que el hecho es que resulta un beneficiado, la falta de discernimiento con que se aplica el beneficio, indica que el primer plano lo ocupa el benefactor, siendo absolutamente indiferente el beneficiado. Los que practican la caridad aplicando el precepto sin tener en cuenta para nada su beneficio personal, creen de buena fé realizar un acto moral, y no obstante, es pseudomoral; los que lo realizan desde el punto de vista de la recompensa futura, inconscientemente, realizan actos inmorales. De este modo, cuando un religioso hace una obra piadosa cualquiera, con el ánimo de hacer méritos, quien debe agradecer es él antes que nadie y no el que recibe el beneficio, y debe quedarle grato, además, por prestarse o hacerse cómplice de su egoismo, puesto que el premio que espera obtener supera con mucho al bien realizado.