En el terreno del arte los estetas sensorios son aquellos que reaccionan ante las sensaciones; en visión el sujeto reaccionará ante el colorido, la perspectiva, la distribución en el paisaje, el conjunto, el claro-oscuro, etc.; en audición, se extasiará con el timbre, con la altura del sonido, con la intensidad, pero no le exige mucho más; en el gusto, será un perfecto goloso, etc.
En las producciones artísticas al visual le bastará la estética motriz o sea la ejecución, la virtuosidad del pintor, y el elemento sensorio, el colorido, la perspectiva, etc.
En literatura preferirá al descriptor colorista, importándosele muy poco del contenido, de la tesis sustentada, del meollo de la obra. Al auditivo le llamará la atención la parte motriz, ritmo, compás, movimiento, virtuosidad; preferirá en la audición lo puramente melódico o armónicamente simple. Las complejidades quedan fuera de su alcance.
Es de advertir que cantidad de productores, a los que se les llama artistas, sólo realizan la estética motriz y sensoria y sus producciones no ultrapasan ese límite. Naturalmente, obtienen un éxito inmediato; son los menos discutidos, porque la estética de sus producciones es perfectamente accesible para la gran masa y para los críticos que, si son tales, es por incapacidad de ser productores, lo que equivale a decir que siempre están en un plano inferior al productor, aunque su producción no ultrapase el límite de lo sensorio. Es por eso, por lo que, en general, los críticos hincan sus garras en la producción superior, que les es inaccesible, y no en la inferior, que pueden catar mejor.
La moralidad de los artistas que no ultrapasan la estética sensoria debe estar de acuerdo con sus sentimientos estéticos y nada tiene de extraordinario pues, que sean sensualistas, libertinos que llevan una vida disipada, como ocurre con una cantidad de literatos y de artistas en general, que en realidad son pseudo artistas, los que llegan hasta creer que la producción superior trae aparejado ese género de vida. Pero analícense sus producciones y se verá que les espera una existencia precaria; que no tendrán más longevidad que la del artículo de diario, o de la columna de revista o cosas semejantes; no pasan jamás a la Historia.
No ocurre lo mismo con cerebros como el de Víctor Hugo, con artistas como él, como Carducci, como Zola, cuya forma tachada de inmoral, es un medio de llegar a la estética del pensar, que surge de una profunda ética.
Claro está que al hablar de artistas excluyo a los llamados artistas líricos, bufos, cómicos, dramáticos, danzantes, prestidigitadores, etc. Del punto de vista de la mentalidad y del sentimiento, estos sujetos tienen muy poco de artistas y mucho de pobres diablos. Sus sentimientos estéticos, salvo las excepciones de sujetos superiores, son inferiores como lo son los éticos.
Cuando se habla pues de artistas inmorales, lo que debe discutirse, en primer término, es si se trata realmente de artistas y no de sujetos con sentimientos estéticos sensorios que no ultrapasen este límite. Por lo demás, no hay por qué circunscribir los sentimientos morales a un fallo, sino tomarlos en toda su amplitud. Me parece que no se debe echar en olvido todas las prendas morales que posea un individuo, porque tenga hábitos alcohólicos que no dañan más que a su persona, por ejemplo. No es vulgar encontrar entre los artistas, estafadores, ladrones o criminales. Si cabe llamar artistas a los sujetos cuyas producciones no van más allá de excitar nuestros sentidos y esos artistas en su mayoría son inmorales, en cualquier caso serían simples excepciones que no destruirían la regla, porque, sin ir más lejos, en nuestro medio, los sujetos de producción que van mucho más allá de lo sensorio, que yo conozco y que constituyen la gran mayoría, son individuos de la más elevada moralidad.
Cierto es que han existido artistas y grandes artistas inmorales, pero son casos aberrantes, excepcionales, y su inmoralidad ha sido siempre unilateral, una falla personal sin sanción penal.
Como lo he manifestado, en la ontogenia, las reacciones estéticas de carácter sensorio se encuentran en su período álgido al fin de la niñez; se instalaron en la época motriz y declinan en la adolescencia y pubertad en los sujetos que evolucionan hacia formas superiores.