Religiones a base sentimental o de origen estético sentimental, son las actuales en los pueblos más cultos, las más difundidas y que afectan al mayor número de individuos dentro de las colectividades cultas. Los pueblos salvajes están en etapas mucho más inferiores; sus dioses son fóbicos o motores, como ocurre en los pueblos del Africa Central, en algunas sectas indúes, en los Onas o los Yagan fueguinos, etcétera, etcétera.
El último estadio, como veré más adelante, corresponde a los dioses que nadie conoce con el nombre de dioses, surgidos de la intelectualidad, es decir, a los dioses intelectuales, que surgen de la estética intelectual que sólo afecta a muy reducido número de individuos de las colectividades más avanzadas.
4.ᵒ Estética intelectual.—La estética intelectual proviene de las reacciones estéticas de origen mental. La belleza de la idea, la belleza del pensamiento. Es la estética del pensar, o el término superior de la serie que comenzando con el movimiento, asciende en el sentir, se perfecciona con el sentimiento en la sexualidad y llega a su punto culminante en la intelectualidad. Las reacciones estéticas de carácter intelectual están en el mundo de las operaciones superiores de la mente, están en las ideas; más complicadas y armónicas, en los juicios; de mayor empuje y amplitud, en el razonamiento, y como pináculo, en la creación.
La estética intelectual no se encuentra en las operaciones de las aptitudes adquisitivas, sino en forma oscura y rudimentaria; es propia de las aptitudes elaborativas, en el sujeto que piensa, que medita, que en cualquier forma crea, rectifica, corrige, amplía o simplemente discute ideas. Su expresión más elevada se encuentra en los pensadores, en los filósofos, en los inventores y en los descubridores.
La belleza reside, como en las otras formas, en el triunfo, en llegar a la deducción o inducción, en intuir, en arribar a la teoría, principio o ley. Como los sujetos sienten la belleza del fin que persiguen, es muy común que se la atribuyan a los medios para llegar a ese fin. Sólo así se explica que los naturalistas hablen de hermosos ejemplares de acaroidios, de ofideos o de arácnidos, que un anátomo patologista aluda a un lindo caso de tumor y que se hable de bellas colecciones de casos teratológicos, de hermosas colas de panochtus o de hoplophurus, y apliquen calificativos como bello, hermosísimo, precioso, etc., a cosas de por sí evidentemente antiestéticas. Es que lo estético no está en la cosa misma, sino en lo que permite construir esa cosa. El vulgo, incapaz de apreciar lo último, ríe o queda estupefacto de la aplicación de los adjetivos. Sólo por las reacciones estéticas intelectuales se explica la existencia de individuos que se pasan días enteros, semanas, meses, años meditando, o persiguiendo la solución de un problema científico cualquiera. Sólo por el placer estético intelectual se explica el afán de llegar a la meta, no sólo en los hombres entregados a las ciencias, sino en todo aquel que ejercita sus aptitudes intelectuales persiguiendo la explicación de un fenómeno de carácter social o la discusión de un asunto de carácter moral, y le sea indiferente o abandone por completo todo lo que para la generalidad es estético. Estos sujetos son excepcionales, y en ellos, los agentes de las reacciones estéticas comunes, no los hacen reaccionar. No encuentran belleza donde la enorme mayoría goza y si la encuentran siempre será débil, pues la estética intensa, para ellos, está en la elaboración superior. De ahí que sienten plaza de raros, porque en realidad lo son, pero son raros como sinónimos de excepcionales, y son raros, en el concepto de salir de la norma general, lo que se interpreta como sujetos inexplicables, ridículos o cuasi ridículos.
En la mujer sólo como rarísima excepción se encontrarán casos que invadan el terreno de la estética intelectual y una de las causas primordiales está en su reducido vuelo de la imaginación creadora, siendo la mujer más perceptiva que imaginativa y más sentimental que imaginativa.
En la filogenia, la estética intelectual es reciente, si se compara con los otros géneros de estética, y el período histórico sólo nos habla de reducidísimo número de sujetos intelectualmente superiores, que son los que reaccionan a la estética intelectual, en cada época. Si la estética motriz o las reacciones estético-motrices son un carácter específico; las sensorias, étnico; las sexuales, de pueblo; las intelectuales, han sido en todo lo que conocemos, un carácter puramente individual.
De ese modo, si en la filogenia las reacciones estético-intelectuales se nos presentan como un carácter individual, no podemos ni siquiera hablar de ellas en la ontogenia, y sólo afectarán al sujeto excepcional de que se trate. La filogenia de la estética intelectual está, pues, en formación; sólo con el andar de las generaciones, cuando se haya convertido siquiera en carácter de pueblo, se podrá hablar en la ontogenia de la mencionada estética, como reproducción de un carácter adquirido en la filogenia.
Claro se ve que la estética del pensar, no puede aparecer sino con la capacidad de pensar de acuerdo con la edad. Pero en esto, como se trata de un carácter individual, no se puede invocar la ley de herencia homocrona y las variaciones en los sujetos son muchas; mientras Pascal, por ejemplo, fué muy precoz, Darwin no lo fué tanto. Algunos grandes hombres manifestáronse tales desde temprana edad, otros en la edad madura.