Debemos imaginarnos el mundo como algo acabado, completo y perfecto. Mas Aristóteles niega, sobre todo, que las cantidades infinitas pueden existir como algo “acabado”, porque “lo infinito no existe, sino se forma”; entonces, un espacio infinito no puede subsistir en el mundo.

Todo el espacio está limitado, según Aristóteles, por la esfera celeste, porque en su creación la divinidad consumió toda la materia existente. Más allá de la esfera celeste, cuyo centro es nuestra tierra, no hay, entonces, materia, por consiguiente allá no hay espacios y mucho menos espacios vacíos, lo que sería un doble disparate.

33. Cerrando la discusión sobre el espacio quiero, todavía, mencionar que Aristóteles trata de demostrar que nuestro espacio no puede tener más que tres dimensiones. Lo hace refiriéndose a la costumbre de decir “ambos” cuando hay dos, y que cuando hay tres se habla ya del “todo”, porque no hay una palabra especial.

34. Al concepto tiempo lo somete Aristóteles a un tratamiento parecido al del espacio. En la “Física” leemos lo siguiente: “El tiempo es una cantidad continua, él es el número (medida) del movimiento con relación a lo precedente y lo sucesivo”.

Debo llamar la atención de que en esta definición la palabra “movimiento” se refiere no solo a los fenómenos físicos sino también a los psíquicos, pues Aristóteles dice una vez: “Si bien al reinar la obscuridad y calma nosotros no percibimos ninguna impresión del cuerpo, tenemos, sin embargo, en seguida la sensación del tiempo, cuando se produce en nuestra alma algún movimiento” (conmoción). Por esta razón Gomperz pone, en vez de la palabra “movimiento” (kinesis), “suceso”.

El tiempo es pues, la medida (el número) del movimiento. La unidad de este número (medida) constituye el concepto de “ahora”; por el movimiento de dicho concepto “ahora” nace el tiempo.

Aristóteles no identifica el tiempo con el movimiento, como sucede en las obras de Platón; pero el concepto “tiempo” está ligado al número y al movimiento. Donde no hay cuerpos no hay tiempo.

Siendo el movimiento del universo, según Aristóteles, sin principio ni fin, sigue ya forzosamente de la definición que el tiempo es infinito e ilimitado.

En una ocasión se pregunta Aristóteles, si el tiempo podría substituir aunque no existiera el alma. Su contestación es: el tiempo no puede subsistir sin el alma, como el número no puede existir sin la persona que cuenta.