El tartanero acabó de sacar del vehículo los gruesos paquetes de hilo, y ayudado por Tonet, fué arrojándolos en la proa de la barca, donde formaron un montón amarillento que esparcía el olor del cáñamo recién hilado.
Neleta pagó al tartanero. ¡Salud y buen viaje! Y el hombre, chasqueando el látigo, hizo emprender á su caballo el camino de Catarroja.
Aún permanecieron los dos un buen rato inmóviles en la riba de barro, sin atreverse á embarcar, como si esperaran á alguien.
Los calafates llamaban al Cubano. Debía emprender pronto el viaje: el viento iba á caer, y si marchaba al Palmar aún tendría que darle á la percha un buen rato. Neleta, con visible turbación, sonreía á toda aquella gente de Catarroja, que la saludaba por haberla visto en su taberna.
Tonet se decidió á romper el silencio dirigiéndose á Neleta. Ya que el abuelo no venía, había que embarcar cuanto antes; aquellos hombres tenían razón. Y su voz era ronca, con un temblor de angustia, como si la emoción le apretase la garganta.
Neleta se sentó en el centro de la barca, al pie del mástil, empleando como asiento un montón de ovillos, que se aplastaban bajo su peso. Tonet tendió la vela, quedando en cuclillas junto al timón, y la barca comenzó á deslizarse, aleteando la lona contra el mástil con los estremecimientos de la brisa, blanda y moribunda.
Pasaban lentamente por el canal, viendo á la última luz de la tarde las barracas aisladas de los pescadores, con guirnaldas de redes puestas á secar sobre las encañizadas del corral, y las norias viejas, de madera carcomida, en torno de las cuales comenzaban á aletear los murciélagos. Por los ribazos caminaban los pescadores tirando penosamente de sus barquitos, remolcándolos con la faja atada al extremo de las cuerdas.
—¡Adiós!—murmuraban al pasar.
—¡Adiós!...
Y otra vez el silencio, coreado por el susurro de la barca al cortar el agua y el monótono canto de las ranas. Los dos iban con la vista baja, como si temiesen darse cuenta de que estaban solos, y si al levantar los ojos se encontraban sus miradas, las huían instantáneamente.