Su vanidad había acabado por hacerla entender el lenguaje de los animales y de las cosas, incomprensible hasta entonces para las personas.

Cada vez que salía de su casa, la selva entera se animaba con un murmullo de curiosidad femenil; los pájaros dejaban de volar, los cuadrúpedos se detenían en mitad de sus carreras locas, y los peces sacaban la cabeza sobre la superficie de ríos y estanques.

—Veamos lo que ha inventado hoy para imitarnos—gritaban los loros y los monos insolentes desde lo alto de los árboles.

—¡Muy bien, hija mía!—aprobaba el elefante con lentos movimientos de su trompa y el toro agitando su armado testuz.

—¡Venid á ver la última creación de Eva!—piaban millares de pájaros en el follaje.

Esta ovación de la Naturaleza, que en los primeros días hizo enrojecer de orgullo á nuestra primera madre, fué acogida finalmente con indiferencia por ella. Era el aplauso de una muchedumbre inferior, y Eva aspiraba á la aprobación de sus iguales. La única persona ¡ay! que podía admirar los inventos y los matices de su buen gusto era su marido; y un marido es un ser respetable que merece cierta atención, sobre todo cuando mantiene la casa, pero resulta ridículo que las mujeres se vistan para no ser admiradas mas que por sus esposos. Es como si un poeta hiciese sus versos únicamente para leerlos á los individuos de su familia.

No; la mujer es una artista, y como todos los artistas, necesita un público grande, inmenso, á quien inspirar la admiración y el deseo, aunque no piense ni remotamente en satisfacer ese deseo.... Y como no había en el mundo otro hombre que su marido, y éste le interesaba muy poco, Eva empezó á pensar en los bienaventurados que habitan el cielo y muchas veces habían ido á hacerle visitas cuando ella ocupaba el Paraíso.

Al llegar aquí, el tío Correa interrumpió su relato para dar una explicación que consideraba necesaria.

Como Dios es un rey, los que le rodean se esfuerzan por imitar á los cortesanos terrenales, adoptando todos los sentimientos y las pasiones de su regio amo con más firmeza que éste. Apenas el Omnipotente manifestó su cólera contra Eva y su marido arrojándolos del Paraíso, los habitantes del cielo rompieron sus amistades con ella y con Adán, retirándoles el saludo y evitando todo encuentro.

A veces, cuando Eva se contemplaba en el cristal de un pequeño lago que le servía de espejo, oía á sus espaldas un ruido de alas. Era un arcángel que iba á llevar un recado del Señor, cumpliendo sus funciones de mensajero celeste.