Una vez convenida entre los dos hombres la resolución del grave asunto, Baselga sintió gran curiosidad por conocer detalladamente la existencia de su amada durante el largo año de separación, y el señor Antonio se vió bastante apurado para contestar por completo el diluvio de preguntas que Baselga dejó caer sobre su persona.
La baronesa había procurado ocultar su estado durante el tiempo que le fué posible, y las frecuentes dolencias que experimentaba su organismo atribuíalas al disgusto que le causaba la escasez de noticias de su Fernando y el no saber tampoco a dónde dirigirle una carta. Pero, por fin, llegó un día en que le fué imposible ocultar por más tiempo su estado disimulándolo con dolorosos artificios, y confesó entre lágrimas y rubores su triste deshonra ante el padre Claudio y el administrador, que eran las únicas personas de su confianza.
El parto se había verificado en el mes de abril, y la niña, que en honor al padre había sido bautizada con el nombre de Fernanda, gozaba de buena salud.
Baselga escuchaba con embeleso la relación del vejete.
En sus sentimientos, después de pasada la primera impresión y los efectos de la lucha entre el amor y la libertad celibataria, causaba honda sensación la idea de ser padre.
¡A quién no produce alegría la paternidad!
El condesito sentíase orgulloso de haber dado al mundo un nuevo ser, y lleno de satisfacción pensaba que aquella obra era suya y muy suya.
Para apoyar tal certeza, buscaba en los rincones de su memoria el recuerdo de la época en que Pepita cayó en sus brazos, y con ayuda de los dedos iba contando los meses desde julio a abril, y al encontrar que eran nueve justos, se convencía de que su paternidad era cierta.
Aquella última aventura de su vida de calavera le causaba un placer nunca experimentado, a pesar de su desenlace de comedia vulgar, que nada tenía de novelesco y original.
En cuanto al silencio que Pepita había guardado desde abril hasta el presente mes de julio, el señor Antonio se encargaba de justificarlo explicando la carencia de noticias acerca del paradero del conde.