—¿No hay nada más?
—Nada, reverencia. Aquí tengo apartadas todas las contestaciones que sólo esperan vuestra firma o vuestro nombre de guerra. No son tantas como en otros días.
—Ya habrás hecho en el resumen diario de trabajos el extracto de la correspondencia.
—Sí, reverendo padre. He procurado corregirme de los defectos que en mí había notado y el resumen va tan conciso como claro, sin confusiones ni ambigüedades.
—Haces bien, pues en tal trabajo consiste tu porvenir. Dicho resumen va dirigido a nuestro general en Roma y queda sepultado en nuestros archivos, donde existen las biografías secretas y retratos morales de cuantas personas de alguna significación existen en el mundo. Es un arma invencible que ningún rey ni potestad de la tierra posee, y juzga tú si con su ayuda podemos tener por segura nuestra victoria sobre el universo. Conviene, pues, que el diario informe vaya redactado con claridad y exactitud notables, tanto más cuanto que la mayor parte de las personas que nos escriben envían también a Roma copia de sus documentos y allí unos y otros sufren el consiguiente cotejo. Si logras hacerte notar por tu veracidad y exactitud, tu suerte está ya hecha; pero si en los informes faltas a la verdad, ya sabes cuál será tu castigo. Nunca podrás figurar como un verdadero hijo de Loyola ni pronunciarás el juramento “en cadáver viviente me convierto”.
El hermano Antonio pareció conmoverse un tanto por esta amenaza, y como si quisiera cambiar la conversación, cogió de un extremo de la mesa algunas cartas abiertas.
—Estas son, reverendo padre, las cartas llegadas esta tarde. ¿Quiere su reverencia que le indique el contenido?
—Habla y después me dirás los informes de nuestros agentes en Madrid.
—Esta carta es del superior del colegio de Vitoria. En la ciudad se habla mucho contra un hermano coadjutor que, según dicen, intentó forzar a la hija de un militar desterrado y pendiente de purificación. La familia dice pestes contra el coadjutor y nuestra Orden y el superior pregunta qué es lo que debe hacerse... ¿Qué contestamos?
Reflexionó un breve espacio el padre Claudio y después dijo a su secretario que se preparara a tomar notas de las respuestas: