El superior mostróse dulcemente conmovido por aquellas palabras.
—No esperaba menos de ti. Te conozco, hijo mío; hace mucho tiempo que aprecio tu corazón de oro y veo claramente que Dios te llama por el camino de la santidad. Tan convencido estaba de que entre Dios y el diablo escogerías siempre al primero, que aquí tengo preparado el documento en el cual renunciarás a todas tus riquezas.
Y el padre Claudio señalaba un gran pliego escrito que tenía sobre la mesa, sin cuidarse de que el joven pudiera sospechar algo malo en vista de la previa preparación de aquel golpe. El superior estaba seguro de la fe de su subordinado, a prueba de toda sospecha.
—Sólo falta—continuó—que tu pongas la firma en este documento para que la cesión de bienes se verifique y tu voto de pobreza sea una realidad. Lee ese papel.
Ricardo se negó a enterarse del documento, considerando que, de lo contrario, faltaría al respeto debido a su superior.
—Puesto que tu delicadeza te obliga a no enterarte del documento, voy a explicarte lo que en él se dice. Ante todo, debo advertirte que su fecha no es la del año actual, sino la de 1871, o sea cuando tú estarás ya en la mayor edad y será válida la cesión de tus bienes. Es un pequeño engaño que me he visto obligado a hacer para que tu voto de pobreza sea verdadero. Una nueva falta cae sobre mi conciencia, pero eso más tendrás que agradecerme.
Ricardo se sentía enternecido por la abnegación de aquel superior que le quería hasta el punto de cometer pecados por su culpa. Los esfuerzos del padre Claudio por librarle de sus millones conmovían al infeliz haciéndole sentir una profunda gratitud.
—Este documento, cediendo tus bienes, está redactado en forma de escritura pública y lo subscribirá un notario, persona muy devota y católica, que está por completo a nuestras órdenes. Esta es la ventaja que proporciona el tener amigos en todas clases sociales. En tal forma, puedes estar seguro de que ya nunca podrá inquietarte el pensamiento de que eres rico.
—Pero ¿mis bienes serán repartidos inmediatamente a los pobres?
—No podemos hacerlo hasta el momento en que tú llegues a la mayor edad; pero, entretanto, tampoco serás tú el dueño, y esto te basta para tener tranquila la conciencia.