Vicente Blasco Ibáñez es el más alto y más sólido prestigio literario de la España de nuestros días, y uno de los primeros novelistas del mundo, como lo han declarado famosos críticos de Europa y América. La Novela de Hoy experimenta verdadera satisfacción al decir a sus lectores: el maestro, el glorioso autor de La barraca, de Entre naranjos, de Mare Nostrum, de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de tantas obras famosas, leídas y saboreadas por millones y millones de almas, traducidas a todos los idiomas, el maestro Blasco Ibáñez, el insigne valenciano, el célebre español aclamado por los más diversos públicos, colaborará asiduamente en nuestras páginas.

¡Salud, maestro! Hasta su próxima novela, y hasta la visita que le prometí en la Costa Azul, le abraza su devoto

La familia del doctor Pedraza

I

—Yo también—dijo Serrano—conocí, como algunos de ustedes, al doctor Rómulo Pedraza. No siempre he vivido en París, pasando mis noches en los restaurants de Montmartre. Para reunir la modesta fortuna que me permite llevar mi existencia presente, anduve muchos años por América ejerciendo diversos oficios y conociendo los más rudos altibajos de la suerte.

Estando en Argentina hablé por primera vez con el doctor Pedraza. Yo no vivía en Buenos Aires. Me había metido en empresas de colonización y roturaba muy lejos de dicha ciudad unas tierras que estaban esperando desde el principio del planeta al hombre que se preocupase de hacerlas productivas.

La necesidad de adquirir dinero me obligaba a visitar con frecuencia la capital de la República. Pero como los Bancos se negaron finalmente a hacerme más préstamos dudando del éxito de mi colonización, tuve que buscar, para seguir adelante en mi negocio, el auxilio del Banco Hipotecario Nacional. Con lo que me diesen los altos y poderosos directores de este establecimiento, dependiente del Gobierno, podría pagar la mayor parte de mis deudas a los Bancos particulares, recobrando mi prestigio financiero, y terminaría, igualmente, los trabajos de roturación, que iban a centuplicar el valor de mis tierras.