—Me las han traído hoy de Buenos Aires, señora marquesa, y me apresuro á entregárselas.

Canterac miró al italiano hostilmente, y dijo por lo bajo á Robledo:

—Mentira; las ha encargado por telégrafo, según afirma Moreno, que lo sabe todo. Esta tarde envió un hombre á todo galope á la estación, para traerlas á tiempo.

La criada mestiza, ayudada por los dos muchachos, quitaba la mesa, y la habitación con tabiques de madera iba tomando el mismo aire que si Elena diese una fiesta. Los tres visitantes, al hablarla, repetían con cierto arrobamiento la palabra «marquesa», como si les llenase de orgullo verse amigos de una mujer de tan alta clase.

Elena no ocultaba cierta predilección por Canterac. Los dos habían vivido en París, en mundos distintos, aunque muy próximos. No se habían encontrado nunca, pero acababan por recordar ciertas amistades que les eran comunes.

Mientras ellos hablaban, Moreno fumaba resignadamente, cruzando algunas palabras con Watson, y Pirovani conversaba con Robledo y Torrebianca. El italiano no prestaba gran atención á sus propias palabras, espiando con ojos inquietos á la «señora marquesa» y su acompañante.

La tertulia cambió totalmente de aspecto después que Pirovani se presentó con sus rosas.

En la noche siguiente estaban los cuatro sentados á la mesa y más silenciosos que otras veces. Elena se había puesto para la cena uno de sus trajes más vistosos, que hasta resultaba algo audaz allá en París. Los tres ingenieros guardaban aún sus ropas de campo y parecían cansadísimos del trabajo de la jornada. Robledo bostezó repetidas veces, haciendo esfuerzos para mantenerse despierto. El marqués se había adormecido en su silla, dando ligeras cabezadas. Elena miraba fijamente á Ricardo, como si no lo hubiese visto bien hasta entonces, y él evitaba el encuentro con sus ojos.

Entró Pirovani llevando un gran paquete y vistiendo otro traje nuevo, cuadriculado de diversos colores, como la piel de un reptil.

—Señora marquesa: un amigo mío de Buenos Aires me ha enviado estos caramelos. Permítame usted que se los regale. También van en el paquete unos cigarrillos egipcios…