Muchos pueblecitos de pescadores se extienden entre la playa y la vía férrea. Vemos barcas puntiagudas puestas al seco en plazas, paseos y jardines. Grupos de muskos corretean ante las casitas con techo negro y cóncavo y paredes de madera sin pintar. Todos agitan los brazos y dan gritos viendo el paso del tren, con la exuberancia algo insolente de los muchachos japoneses. Éstos sólo adquieren la amabilidad risueña, concentrada y un poco inquietante del nipón cuando son hombres y las necesidades de la vida los obligan á tal cambio. Por algo las autoridades y las asociaciones cívicas, cuando instituyen premios públicos, los destinan á «las viudas virtuosas» y á «los niños respetuosos».
Al alejarnos por corto tiempo del Mar Interior pasamos ante el castillo de Himaja y otras viviendas fortificadas de los antiguos daimios. Estas residencias feudales tienen cóncavos tejados negros sobre sus murallas, así como en las torres y en el alcázar central. Las almenas al aire libre de los castillos de Europa no existieron en la Edad Media japonesa. Los samurais disparaban sus ballestas bajo techo y arrojaban igualmente piedras y líquidos sobre los asaltantes á cubierto de la lluvia y del sol.
Otra vez viajamos frente al Mar Interior, viendo canales salados que se deslizan como ríos entre la costa firme y las islas inmediatas. Vapores de gran tonelaje avanzan lentamente por estos corredores marítimos. En mitad de los pasos surgen islotes é isleoncillos, que aún los hacen más angostos.
Una rica fauna marina se multiplica en el laberinto de los canales verdes. Las barcas pescadoras son innumerables. Las orillas están ocupadas en un espacio de varios kilómetros por redes y otros artefactos modernos de pesca. Se ve que las poblaciones ribereñas tienen por única industria la explotación de este mar, en el que se quiebra la luz con infinitas variedades, según el contorno de las tierras que lo rodean. En ciertos lugares cerrados por montañas es á la vez verde, rojo y azul, como si un trozo del arco iris flotase sobre sus aguas.
Empieza á nevar, sin que por ello se oculte el sol. Los campos de arroz brillan lo mismo que espejos dentro de un marco blanco; la nieve ha cubierto sus ribazos. Aumenta el frío á medida que nos vamos alejando de la orilla japonesa que mira á las soledades del Pacífico. Nos aproximamos á Corea, península que al despegarse del continente Asiático recibe en su dorso el frío soplo de los vientos de Siberia.
Abandonamos el tren para visitar la famosa isla de Myajima, la Arcadia japonesa, un pedazo de tierra «donde nadie nace y nadie muere».
El viajero que llegando por Occidente ha desembarcado en Nagasaki y aún no ha visto nada del país, se siente profundamente impresionado por la paz campestre de esta isla. Los que vienen del interior del Japón después de haber visitado la selva de Niko y el parque sagrado de Nara, no pueden sentir del mismo modo las impresiones avasallantes de la novedad.
Myajima, separada de la tierra firme por un canal del Mar Interior, con sus bosques de criptomerios, pinos y árboles frutales que sólo dan flores, es toda ella un templo vegetal dedicado á los dioses. Por sus senderos trotan los venados, lo mismo que en Nara, con la confianza del que no ha conocido nunca el miedo. Nadie puede molestar á estos dulces animales, señores de la isla.
Los antiguos japoneses quisieron hacer de este pedazo de tierra un modelo de lo que sería la vida humana si no existiesen el dolor, la muerte y la necesidad de trabajar para comer.
Una paz absoluta y profunda sale al encuentro del viajero al poner sus pies en la isla. Los venados se acercan á lamerle la mano, en espera de alguna golosina. En las revueltas de los senderos se tropieza con musmés de sonrisa franca que le miran sin los remilgos de la honestidad, como si perteneciesen á un mundo de primitiva inocencia, sin noción alguna de lo que es pecado. En las frondosidades de la selva sagrada va descubriendo capillitas con Budas de piedra, roída por los siglos, y linternas de granito que en ciertas noches esparcen su luz vagorosa para recuerdo de los Antepasados.