El italiano Pigafetta, cronista de esta expedición, rematada gloriosamente por el vasco Del Cano, dice así:
«La galleta que comíamos no era ya pan, sino un polvo mezclado con gusanos, que habían devorado toda la substancia, y que tenía un hedor insoportable por estar empapada en orines de rata. El agua que nos veíamos obligados á beber era igualmente pútrida y hedionda.
»Para no morir de hambre llegamos al terrible trance de comer pedazos del cuero con que se había recubierto el palo mayor para impedir que la madera rozase las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto al agua, al sol y á los vientos, estaba tan duro que había que remojarle en el mar durante cuatro ó cinco días para ablandarle un poco, y en seguida lo cocíamos y lo comíamos.
»Frecuentemente quedó reducida nuestra alimentación á serrín de madera como única comida, pues hasta las ratas llegaron á ser un manjar tan caro que se pagaba cada una á medio ducado...»
Siento necesidad de volver á leer la lista del encargado de los víveres en el Franconia.
IV
LOS PRIMEROS DÍAS DE NAVEGACIÓN
El Estado Mayor del viaje.—Más mujeres que hombres.—Cordial familiaridad norteamericana.—La española que conoció tres Papas.—El cocinero escultor.—Las Frinés de la piscina y la tranquilidad de sus compañeros de natación.—En el canal de Bahama.—La hermosa costa de la Florida.
La «American Express», sociedad de Nueva York que dirije este viaje, ha montado en la penúltima cubierta una oficina que ocupa varios salones.
En este centro hay un Banco, con mostrador de caoba, rejas de bronce y cajas de valores, graciosa reducción de los grandes establecimientos terrestres de igual género. El telégrafo inalámbrico le trae todas las mañanas la cotización de las diversas monedas, para que los viajeros puedan cambiar su dinero. Además admite cheques sobre todas las plazas del mundo, abre créditos, guarda depósitos, realiza cobros por medio del telégrafo en el otro lado de la tierra, cumple cuantos encargos financieros se le quieran confiar.
Hay un director del viaje, hombre instruidísimo que guarda en su memoria todas las vías de comunicación existentes en el planeta, con sus innumerables enlaces y combinaciones, y percibe por sus trabajos 12.000 dólares al año, una remuneración superior al sueldo de muchos jefes de gobierno en Europa. Tiene á sus órdenes un Estado Mayor de veinticuatro funcionarios, retribuídos también con largueza. Unos son antiguos profesores de Universidad, especialistas en materias geográficas y lenguas orientales, que darán conferencias durante el viaje; otros, simples hombres de acción, exploradores que vivieron en las regiones menos conocidas de la China y la India, norteamericanos enérgicos é instruídos que para descansar de sus andanzas se han alistado en esta expedición sin riesgos. Ellos servirán de guías á los pequeños grupos de viajeros que abandonando el buque se lancen á través de las naciones asiáticas.