Y fiel á la tradición del Hara-Kiri, se rajó el vientre con su machete, echándose las tripas afuera, como un antiguo samurai.
XVIII
LOS DOS SHOGUNES DE NIKO
Muchos templos y poca religiosidad.—La cortesía con todos los dioses.—Única religión verdadera del japonés.—Los muertos mandan.—Todos los japoneses acaban siendo dioses.—El sintoísmo.—Las tumbas de los dos Shogunes.—El Pericles japonés.—Sus máximas morales.—San Francisco Javier.—El consejo que le dan los japoneses.—Fácil difusión del cristianismo.—Inquietud de los Shogunes.—Miedo al Papa y al rey de España.—Se cierra el Japón por 250 años.—Persecuciones y martirios de los misioneros.—Camino de Niko.—La buena educación de una caja de comida.—Un regalo de cuarenta kilómetros de árboles gigantescos.
Abandono por unas semanas mi camarote del Franconia.
Voy á correr la parte más interesante del interior del Japón. Luego un buque del país me llevará á Fusán, puerto de Corea, atravesaré este ex reino que los japoneses se han apropiado, seguiré á través de la Manchuria, que ocupan igualmente con un carácter temporal, entraré en China, viviré en Pekín, y cruzando gran parte del Imperio Celeste, convertido hoy en República, llegaré á Shanghai, donde me esperará el paquebote con mi dormitorio flotante lleno de libros y recuerdos.
Primeramente voy hacia el Norte en mi viaje por el Japón, alejándome de la ruta que debo seguir después. No quiero irme de este país sin conocer Niko, la Sagrada Montaña de Niko, el monumento fúnebre más suntuoso y artístico que posee el Japón.
En la tierra nipona abundan templos y santuarios. Contemplando el paisaje desde las ventanillas del tren, cada vez que veo un grupo de árboles sé que á continuación asomarán entre el follaje los tejados de un templo budista ó sintoísta. Todos ofrecen un exterior interesante, más por la vegetación que los rodea que por su arquitectura. Si arrasasen los grupos de árboles y de arbustos floridos, parecerían muchos de ellos miserables barracas.
Tal abundancia de templos no supone que el pueblo japonés sea extremadamente religioso. Por una contradicción de su carácter complejo, los japoneses son el pueblo de la tierra que posee más templos y al mismo tiempo el de menos religiosidad. Tal vez provenga esto de su cortesía extremada, que les aconseja asociarse á toda manifestación pública en honor de un gran personaje, sea hombre ó sea dios.
Los japoneses de clase superior, los letrados, fueron siempre discípulos de Confucio—como sus maestros los intelectuales chinos—, ó sea, racionalistas propensos á la incredulidad, no profesando ninguna de las religiones positivas. El pueblo, en cambio, las venera todas, sin establecer entre ellas ninguna diferencia.
La verdadera religión original del país fué el culto de los Kamis, de los Antepasados, que ha servido de base al moderno sintoísmo.