Cesa al fin el salmo fúnebre. Las trompetas lanzan un toque marcial indicando que la energía y el trabajo diarios para vencer al peligro van á reanudarse. Los grumetes recogen en cestos los libros de plegarias. El capitán y sus oficiales saludan y se retiran. Todos van á despojarse apresuradamente de sus uniformes azules para recobrar las prendas blancas de diario. A los pocos minutos me veo solo en este lugar donde se aglomeraban tantos hombres.
Vuelven á funcionar las máquinas del taller inmediato, exhalando un olor de ropa mojada y lejía batida. Las mujeres de brazos arremangados mueven otra vez sus planchas. Y los pájaros, dentro de sus cárceles balanceantes, siguen cantando furiosamente, excitados aún por la música humana que vino á interrumpir sus conciertos solitarios.
El mar es al día siguiente de un verde amarillento; horas después se hace rojizo, y al final toma un color terroso tan denso, que nuestro buque parece deslizarse por una llanura. Hemos entrado en el Irrawady, río de Rangoon, y debemos remontarlo muchas millas hasta llegar al sitio donde fondean los trasatlánticos de importancia, no pudiendo ir más adelante. El canal navegable está marcado por dos filas de boyas y los buques trazan grandes revueltas al seguirlo.
Las riberas son amarillas y bajas, con estrechas zonas de fresco verdor. A largos trechos hay grupos de árboles que indican la existencia de casas invisibles. Pasan cerca de nosotros barcas pintadas á cuadros blancos y negros, y sus tripulantes, medio desnudos, mueven unos canaletes terminados por paletas completamente redondas. Algunas veces el grupo de árboles deja ver las techumbres de paja de un pueblo y sobre ellas una pirámide en forma de campanilla, que es el adorno central de todas las pagodas birmanas. En las ciudades esta misma pirámide se halla cubierta de oro. Aquí es blanca, con una costra de cal cuidadosamente mantenida.
Con el desplazamiento de su volumen dentro de esta agua canalizada, levanta nuestro vapor grandes olas entre su casco y la orilla. Veleros de arboladura mixta, medio asiática y medio europea, que se deslizan en dirección opuesta, cabecean con violencia, cual si hiciesen frente á una tempestad. Las olas cortas y continuas no les dan tiempo para levantarse y volver á caer rítmicamente, como en el mar. Pero la marinería malaya no presta atención á tales sacudidas, que hunden el extremo de su proa, y acodándose en las bordas contempla inmóvil el paso de nuestro trasatlántico.
Anclamos en el fondeadero de Hastings, lejos de Rangoon. Sus edificios modernos y las cúpulas de oro de sus pagodas se ven algo esfumados por encima de las arboledas de los jardines. Unos vaporcitos nos llevan á la ciudad, navegando á través de numerosos paquebotes y veleros que han podido avanzar más en el río, anclando según su calado.
Al saltar á tierra nos damos cuenta de que acabamos de entrar en un mundo distinto á los que conocimos en anteriores escalas. Estamos en la India; pero una India más colorinesca y alegre que la famosa y tradicional que veremos semanas después.
Birmania es la última adquisición de los ingleses en el Oriente índico. Hace unas decenas de años nada más aún existía un reino de Birmania. Al anexionarse Inglaterra á este país, su capital, Mandalay, situada en el interior, á veinticuatro horas de ferrocarril, ha perdido su antigua importancia. Rangoon, puerto principal de todo el Este del golfo de Bengala, absorbe la vida de los países inmediatos.
No se nota aquí el cosmopolitismo de Singapore. Los habitantes son puramente birmanos. Pero la importancia religiosa de la ciudad, á causa de la célebre pagoda llamada Shway Dagon, atrae numerosos peregrinos de todos los países budistas, hasta de las provincias más interiores de la China.
El budismo es una religión en decadencia. Posee aún centenares de millones de adeptos porque la China y el Japón abrazaron las doctrinas del innovador Gautama. Pero este sacro personaje, nacido en la India, después de ver aceptados sus dogmas en su propia patria quedó vencido por el brahmanismo, que se rehizo de su primera derrota, reconquistando finalmente la mayor parte del país.