Reciben las monedas en sus manos impasibles y siguen suspirando palabras, fijas sus órbitas sin ojos en el infinito.

Estos dos habitantes de la Gran Muralla no se mueven nunca de la hornacina que les sirve de refugio: aquí duermen; aquí comen cuando tienen de qué.

¿Para qué canturrean todos los días, si sólo de tarde en tarde se presentan viajeros?... ¿Quién puede darles limosnas en este desierto?... ¿Qué es lo que ven en su eterna noche, arrodillados junto á esta puerta que da entrada á una de las soledades del mundo más extensas y misteriosas?...

IX
EN MARCHA HACIA EL RÍO AZUL

Los bandidos de Ling Tcheng.—Dos trenes fortificados.—Compañeros que van cayendo.—La exportación de huevos chinos.—Faisanes laqueados.—La amazona misteriosa del bosque fúnebre de los Ming.—Los bandidos no aparecen.—Decepción de algunas viajeras.—Opiniones sobre la República china.—Un cuerpo robusto falto de sistema nervioso.—La China aún no sabe que existe.—El Gran Canal.—El río Amarillo y el río Azul.—La civilización del trigo y la civilización del arroz.—Los pueblos asiáticos eternamente casados con el Hambre.

Muchos europeos residentes en Pekín, ingenieros, comerciantes y hasta diplomáticos, se unen a nosotros para aprovechar el tren especial que debe conducirnos á Shanghai, á través de una parte considerable de la China.

El gobierno ha tomado grandes precauciones para que no se repita al pasar nosotros por Ling Tcheng el ataque que sufrió hace unos meses un tren de lujo, lleno de europeos y norteamericanos. Varias partidas de soldados desertores, capitaneadas por un oficial joven llamado Suen Mei Yao, atacaron dicho tren durante la noche llevándose secuestrados á todos sus viajeros, incluso las mujeres y los niños. Fué un acto de bandolerismo y al mismo tiempo una maniobra política para crear dificultades al gobierno de Pekín con las grandes potencias.

Las circunstancias no han cambiado. Antes de nuestra salida de la capital los diarios hablan largamente sobre la posibilidad de que seamos atacados en la región de Ling Tcheng, favorable para esta clase de operaciones. Además, los mismos periódicos, con una asombrosa imprudencia informativa, mencionan las enormes fortunas de algunos de mis compañeros de viaje. Especialmente hay una señora, vestida de luto, que va con un hijo único, y lo mismo en el Franconia que en hoteles y ferrocarriles es siempre mi vecina más inmediata. La dama apenas habla, sonríe modestamente y parece no tener fuerzas para manifestar una opinión contraria á lo que dicen los demás. El hijo, tímido como la madre, y de una perfecta y silenciosa educación, se ve buscado por todas las señoritas, que se disputan el bailar con él. Estos dos compañeros, siempre deseosos de pasar inadvertidos, poseen varias explotaciones de petróleo en California y hay años en que la madre recibe algo así como 10.000 dólares todos los días. ¡Qué golpe para los bandidos chinos!...

Como son muchos los personajes de Pekín que necesitan ir á Shanghai y otros puertos del Sur y desean agregarse á nuestro viaje, se forman finalmente dos trenes especiales. Cada uno de ellos lleva enormes proyectores eléctricos, como los que usa la marina de guerra, y á la cabeza y la cola vagones blindados con una compañía de infantería y varias ametralladoras. Además, el Ministerio de la Guerra ha hecho concentrar tropas en las estaciones estratégicas, dentro de la vasta zona montañosa donde se mueven las partidas de bandidos.

Creemos que con tantas precauciones nos será posible llegar sin tropiezo á Shanghai, realizando el viaje en treinta y seis horas. Los dos trenes están compuestos de vagones-dormitorios, vagones-comedores y vagones-salones con balconaje exterior para contemplar el paisaje. Nunca he visto en Europa algo semejante por sus comodidades y su lujo. Únicamente los llamados «trenes de millonarios», que van de Nueva York á Los Ángeles durante el invierno, pueden compararse con estos dos, organizados por el gobierno chino. El material rodante es el mismo, pues los vagones de Pekín fueron comprados en la América del Norte.