El rostro de la Esfinge es de una fealdad monstruosa. Le falta la nariz, y esto parece dar á sus ojos, que se conservan enteros y son de una fijeza perturbadora, cierto aire de ferocidad, semejante al de los guerreros tártaros, de cara achatada. Una larga contemplación va desentrañando su gesto enigmático y hostil. El rostro del dios Sol fué hermoso. Colocando en él imaginariamente la nariz que le falta y rellenando las oquedades de sus cicatrices, cambian de forma los ojos de la divinidad solar, son largos y pensativos, reflejando un espíritu interior de bondad y tolerancia.

Hace dos mil años que poetas y filósofos desfilan ante la figura enigmática, y cada uno interpreta su gesto con arreglo á sus creencias. Tal vez esta roca no es más que un ídolo gigantesco y mutilado, como creen algunos; también podría ser que guardase el gran secreto de nuestro destino, como imaginan otros... ¿Quién sabe? Las más de las cosas sólo contienen en realidad aquello que deseamos colocar en ellas.

Nuestro desdoblamiento puebla lo que nos rodea con partículas de nosotros mismos y luego las admiramos como verdades exteriores. La gran angustia de los hombres es saber de dónde venimos, por qué estamos aquí, adónde iremos después; y como estas preguntas no las contestarán nunca de un modo lógico y satisfactorio religiones ni filosofías, necesita la debilidad humana creer que alguien posee dicho secreto, y deposita tal esperanza en todas las imágenes revestidas de profundo misterio por su remota antigüedad.

Esta antigüedad incalculable que se pierde en las brumas del amanecer protohistórico se va apoderando de nuestro pensamiento y reemplaza la primera y vulgar admiración de las dimensiones brutalmente grandes.

Las tres pirámides que se alzan ante mis ojos fueron construídas cuatro mil años antes de nuestra era, y añadiendo mil novecientos después de Jesucristo, resulta que estos monumentos los levantaron los hombres hace sesenta siglos aproximadamente... Y la Esfinge es sin duda alguna anterior á la construcción de las Pirámides, lo mismo que un templo subterráneo encontrado cerca de ella. Son anteriores también al rey Menés, personaje del que habla la tradición como fundador de Memfis, contando que lo mató un hipopótamo en el Nilo luego de reinar sesenta y un años.

Este Menés, el más remoto de los faraones, imperó sobre un Egipto que conocía ya las labores agrícolas, las artes mecánicas necesarias para la vida y era capaz de construir ciertos monumentos anteriores á las Pirámides, cuyas ruinas acaban de descubrirse, así como diques para el aprovechamiento del Nilo.

Como ha dicho el sabio orientalista Guimet, «la civilización del rey Menés no es un principio, es un apogeo, y debe haber sido precedida forzosamente de numerosos siglos de ensayos y progresos muy lentos. La gran Esfinge es anterior al rey Menés, así como las pirámides de Sakkara». (Dichas pirámides son las construídas en forma de gradas, copiando la arquitectura de la civilización mesopotámica.)

Resulta, pues, que esta Esfinge tiene más de siete mil años. Los hombres que la tallaron en la roca eran ya verdaderos artistas, y las artes sólo aparecen y se desarrollan en los pueblos después que han realizado éstos durante siglos y siglos todos los progresos necesarios para el mantenimiento de la vida y conseguido las comodidades que favorecen el pensamiento ó el ensueño.

Alguien ha comparado el desarrollo de una nación á la lentitud con que se eleva un roble, extendiendo á lo lejos sus raíces en las profundidades del suelo. Todo esto me hace pensar en los miles de años que debieron transcurrir antes de los setenta ú ochenta siglos de vida que lleva la Esfinge, y experimento la misma turbación, aunque en menor escala, que causan las cifras astronómicas al fijar la lejanía de los astros ó la velocidad de la luz.

Cada egiptólogo ha ido empujando ante él las fronteras de la historia. Hay un límite entre el período histórico y el período mítico. La historia egipcia abarca cerca de cinco mil años antes de nuestra era, ó sea unos siete mil hasta el presente, pero en el período mítico (antes de Menés) existía ya una gran civilización; las civilizaciones no se crean de un golpe, son muy lentas, y esto da á la protohistoria egipcia nuevos miles de años, sin límite visible.