Cuando tomó la mano de Fernando la retuvo largo rato, mientras fijaba en él una mirada interrogante... ¿Contento? Él sonrió con la gratitud de un buen recuerdo, satisfecho a la vez de esta ansiedad de la joven por conocer el estado de su ánimo.
Adivinando Isidro lo inoportuno de su presencia, alejóse sin despedirse de ellos. Nélida, al verse sola, se aproximó más a su amante con un impulso de entusiasmo.
—¡Mi rey! ¡Mi dios!... ¡Mi... hombre!
Y faltó poco para que lo besase en plena cubierta. Él se dejaba adorar con un orgullo de varón satisfecho de su persona. Acordábase de Mrs. Power, comparándola con Nélida. Ésta, al menos, conocía la gratitud...
Pasearon juntos con imperturbable tranquilidad. Ella mostraba un visible deseo de espantar a las gentes con su atrevimiento, de enterar a todos de esta nueva aventura, que parecía enorgullecerla. Pasaron ante «el banco de los pingüinos» y ante sus vecinas «las potencias hostiles», con repentino malestar de Ojeda, que deseaba retroceder, pero no se atrevía a decirlo. Afortunadamente, a aquella hora sólo había unas pocas señoras, que fingieron no verles, y luego, a sus espaldas, se miraron con el ceño fruncido y moviendo la cabeza. «¡Qué escándalo!...»
Luego pasaron ante Isidro, que hablaba con Zurita de espaldas al mar. El doctor los siguió con un gesto de cómica admiración.
—Compañero, ¡y qué valiente es su paisano! Cada día con una... ¡y a su edad! Porque él no es ningún mocito... ¡Ah, gallego tigre!...
En las inmediaciones del fumadero estaban sentados unos cuantos de la banda, y al verles venir cambiaron miradas y toses. Ojeda se irguió arrogante, cual si presintiera un peligro. Pasó mirándolos con ojos de provocación, pero todos parecieron ocupados de pronto en importantes reflexiones que les hacían bajar la frente, y no se fijaron en él. Nélida, con un ligero temblor, mezcla de miedo y de placer, se agarraba convulsivamente a su brazo.
Fernando sonrió: mejor era así. ¡Si alguien hubiese osado la menor burla!... Y ella le escuchaba con asombro y satisfacción. ¿Habría sido capaz de pelearse por ella?... ¿Lo mismo que en las novelas o en el teatro?
Y como él contestase afirmativamente, sin jactancia, con sencillez, Nélida casi le saltó al cuello.