Como desea alejarse, propone algo que le parece un remedio.

—¿Quiere Su Alteza que lo llame? Seguramente vendrá. Tal vez hablando los dos...

Y se aleja para buscar á Castro, mientras Miguel Fedor vuelve á quedar inmóvil en su asiento, sin comprender nada.

Lo vió de pie ante su velador, con cierto apresuramiento en sus gestos y ademanes, como un hombre que arrostra una situación penosa y quiere salir de ella cuanto antes.

El príncipe le invitó á ocupar el sillón inmediato, pero Castro sólo quiso sentarse ligeramente en uno de los brazos del mueble, para indicar su deseo de que la entrevista fuese corta. Además, habló él primero, exponiendo rudamente su pensamiento, sin preámbulos.

—Te habrá dicho el coronel mi respuesta. No puedo... Bien sabes que soy tu amigo: hasta me haces el honor de reconocerme como pariente; te debo mucho; ¡pero eso que me pides... no! Es un disparate, una locura. Forzosamente habíamos de terminar así; lo he presentido hace algún tiempo. Tal vez tenías razón cuando hablabas de las mujeres y de la necesidad de ser sus enemigos (si es que esto resulta posible). Pero de nada puede servirnos recordar lo pasado: tú ya no eres el Lubimoff que decía aquellas paradojas. Yo estoy loco, te lo concedo; pero tú lo estás más que yo, y por eso no te sigo.

Miguel le miró fijamente, sin abandonar su silenciosa inmovilidad, esperando que continuase.

—¡Un duelo en plena guerra! ¿Tiene eso sentido común? Tú eres un señor que permanece tranquilo en su palacio, con todas las comodidades que pueden obtenerse en la época presente, sin correr peligro alguno, mientras media humanidad llora, sufre hambre, se desangra ó muere. Y porque estás un día de mal humor (tú sabrás el motivo), ¿quieres batirte con un pobre muchacho que vive casi milagrosamente, que está enfermo y débil por haber hecho lo que tú y yo no somos capaces de hacer?... ¿Y me pides que te represente en esa locura?...

El otro, siempre sumido en su asiento, dijo con voz sorda y rencorosa:

—Me ha insultado... ha querido abofetearme. He detenido su mano junto á mi cara.