—¡Quédate, Tòni!—dijo con voz sorda—. Nada hay de lo dicho. Yo recobraré mi palabra como pueda... Mañana sabrás con certeza lo que vamos á hacer.

La cara solar de Caragòl sonreía beatíficamente á lo lejos, sin ver nada, sin oír nada. Había presentido algo grave con la llegada del capitán, su larga entrevista á solas con el segundo, y la salida de éste, que pasó silencioso y ceñudo ante la puerta de la cocina. Ahora, el mismo presentimiento le avisaba una reconciliación de los dos hombres, cuyos bultos distinguía confusamente. ¡Bendito sea el Cristo del Grao!... Y al saber que el capitán se quedaba á bordo hasta la tarde, se lanzó á la confección de uno de sus arroces magistrales, para solemnizar la vuelta de la paz.

Poco antes de la puesta del sol, Ulises se encontró con su amante en el hotel. Volvió á tierra nervioso é inquieto. Su zozobra le hacía temer esta entrevista, y al mismo tiempo la deseaba.

«¡Adelante! Yo no soy un niño para sentir tales miedos», se dijo al entrar en su cuarto y ver á Freya esperándole.

La habló con la brutalidad del que necesita terminar pronto... «No podía encargarse del servicio que le había pedido la doctora. Retiraba su palabra. El segundo de á bordo no quería seguirle.»

Estalló la cólera de ella sin ningún miramiento, con la franqueza de la intimidad. Odiaba á Tòni. «¡Fauno viejo y feo!...» Desde el primer momento había adivinado en él á un enemigo.

—Pero tú eres dueño del buque—continuó—. Tú puedes hacer lo que quieras, y no necesitas su ayuda para navegar.

Cuando dijo Ulises que tampoco estaba seguro de su gente y que el viaje era imposible, la mujer volvió su cólera contra él. Parecía haber envejecido de golpe diez años. El marino la vió con otra cara, de una palidez cenicienta, las sienes fruncidas, los ojos con lágrimas iracundas y una leve espuma en las comisuras de su boca.

—Hablador... embustero... ¡meridional!

Ulises intentó calmarla. Era posible encontrar otro barco: se ofrecía á ayudarles en la busca. Iba á enviar Mare nostrum á que le esperase en Barcelona, y él permanecería en Nápoles todo el tiempo que ella quisiera.