Se marcharon juntos los dos hombres. Era la primera vez que Ulises salía á la calle sin Freya, y á pesar de su entusiasmo amoroso, sintió una agradable sensación de libertad.

Descendieron á la ribera, y en el pequeño puerto de la isla del Huevo pasaron el tablón que servía de puente entre el muelle y una goleta pequeña de casco verdoso. Ferragut, que la había apreciado exteriormente de una sola ojeada, corrió su cubierta... «Ochenta toneladas.» Luego examinó el aparejo y la máquina auxiliar, un motor á petróleo que le permitía hacer siete millas por hora cuando el velamen no encontraba viento.

Había visto en la popa el nombre del buque y su procedencia, adivinando en seguida la clase de navegación á que estaba dedicado. Era una goleta siciliana de Trápani, construida para la pesca. Un calafate artista había esculpido una langosta de madera subiendo por el timón. Por los dos lados de la proa se remontaba un doble rosario de cangrejos, tallados con la prolijidad inocente de un imaginero medioeval.

Al asomarse á una escotilla vió la mitad de la cala llena de cajas. Ferragut reconoció este cargamento. Cada una de las cajas contenía dos latas de esencia de petróleo.

—Muy bien—dijo al conde, que había permanecido silencioso á sus espaldas, siguiéndole en todas sus evoluciones—. ¿Dónde está la tripulación?...

Kaledine le señaló tres marineros algo viejos acurrucados en la proa y un muchacho vestido de andrajos. Eran veteranos del Mediterráneo, silenciosos y ensimismados, que obedecían maquinalmente las órdenes, sin preocuparse de adonde iban ni de quién los mandaba.

—¿No hay más?—preguntó Ferragut.

El conde aseguró que otros hombres vendrían á reforzar la tripulación en el momento de la salida. Esta iba á ser tan pronto como la carga quedase terminada. Había que tomar ciertas precauciones para no llamar la atención.

—De todos modos, esté usted pronto para embarcarse, capitán. Tal vez le avise con sólo un par de horas de avance.

En la noche, hablando á Freya, se asombró Ulises de la prontitud con que la doctora había encontrado un buque, de la discreción con que hacían su carga, de todos los detalles de este negocio, que se desarrollaba fácil y misteriosamente en la misma boca de un gran puerto, sin que nadie se percatase de ello.