Los dos habían nacido en Barcelona. El pobre muchacho, casi un niño, quería regresar por tierra, y él le había arrastrado á última hora, demostrándole las ventajas de un viaje por mar. ¿Quién podía imaginarse que los submarinos alemanes estaban en el Mediterráneo?...

El comisionista insistió en su remordimiento. No podía olvidar á este adolescente que, por hacer el viaje en su compañía, había marchado al encuentro de la muerte.

—Lo conocí en Nápoles, ocupado en buscar por todas partes á su padre.

—¡Ah!...

Ulises lanzó esta exclamación avanzando el cuello violentamente, como si quisiera despegar su cráneo del resto del cuerpo. Los ojos se le salían de las órbitas.

—El padre—continuó el joven—manda un buque... Es el capitán Ulises Ferragut.

Un alarido... La gente corrió... Un hombre acababa de caer redondo, rebotando su cuerpo sobre la cubierta.


IX

EL ENCUENTRO DE MARSELLA