Por primera vez en su existencia á bordo del Mare nostrum tuvo el piloto un gesto de desprecio para el valor del flete.

—Me olvidaba—continuó Ulises, sonriendo á pesar de su tristeza—. Este viaje halaga tus ideales... Vamos á trabajar por la República.

Fueron á Inglaterra, y tomando su cargamento emprendieron el viaje á los Dardanelos. Ferragut quiso navegar solo, sin la protección de los destroyers que escoltaban á los buques reunidos en convoy.

Conocía bien el Mediterráneo. Además, él era de un país neutral y la bandera española ondeaba en la popa de su buque. Este abuso no le produjo remordimiento alguno, ni le pareció una deslealtad. Los corsarios alemanes se aproximaban á sus presas ostentando banderas neutras para engañarlas y que no huyesen. Los submarinos permanecían ocultos detrás de pacíficos veleros, para surgir de pronto junto á los vapores sin defensa. Los procedimientos más felones de los antiguos piratas habían sido resucitados por la flota germánica.

El no temía á los submarinos. Confiaba en la velocidad del Mare nostrum y en su buena estrella.

—Y si nos sale alguno al paso—dijo á su segundo—, que nos salga ante la proa.

Deseaba que fuese así, para lanzar el buque sobre el sumergible á toda velocidad, espoloneándolo.

Ya no era el Mediterráneo el mismo mar de meses antes, cuyos secretos conocía el capitán; ya no podía vivir en él confiadamente, como en la casa de un amigo.

Sólo permanecía en su camarote el tiempo necesario para dormir. El y Tòni pasaban largas horas en el puente, hablando sin mirarse, con los ojos vueltos al mar, espiando la movible superficie azul. Todos los tripulantes, hasta los que estaban en horas de descanso, sentían la necesidad de vigilar del mismo modo.

De día, el más leve descubrimiento enviaba la alarma de la proa á la popa. Toda la basura del mar, que semanas antes corría indiferentemente junto á los costados del buque, provocaba ahora gritos de atención y hacía extenderse muchos brazos para señalarla. Los pedazos de palo, los botes vacíos de conservas que brillaban bajo el sol, los manojos de algas, una gaviota con las alas recogidas dejándose mecer por la ola, hacían pensar en el periscopio del submarino asomando á flor de agua.