Continuó su avance con paso rápido. Adivinaba el plan de sus enemigos. No querían mostrarse en esta zona del puerto obstruída por montones de fardos, temiendo que se ocultase. Le esperaban cerca de su buque, en un espacio descubierto por el que forzosamente debía pasar.

«¡Adelante—volvió á repetirse—. Si he de morir, que sea á la vista del Mare nostrum

El vapor estaba cerca. Reconoció su negra silueta pegada al muelle. En este momento el perro de á bordo empezó á ladrar furiosamente, anunciando la presencia del capitán y al mismo tiempo el peligro.

Abandonó el abrigo de una colina de carbón, avanzando por un terreno descubierto. Concentraba toda su voluntad en el deseo de llegar á su barco cuanto antes.

Brilló una corta llama, seguida de una detonación. Ya disparaban contra él. Otras lucecitas surgieron de diversos lados del muelle, seguidas de estampidos. Fué un tiroteo de combate; á sus espaldas tiraron igualmente. Sintió varios silbidos junto á sus orejas y recibió un golpe en un hombro, una sensación igual á la de una pedrada caliente.

Iban á matarle: sus enemigos eran demasiado numerosos. Y sin saber por qué lo hacía, cediendo al instinto, se arrojó al suelo lo mismo que un moribundo.

Todavía retumbaron unos cuantos disparos. Luego se hizo el silencio. Únicamente en el vapor inmediato seguía ladrando el perro.

Vió una sombra que avanzaba lentamente hacia él. Era un hombre, uno de sus enemigos, destacado del grupo para examinarle de cerca. Dejó que se aproximase, apretando con su diestra el revólver, todavía intacto.

De pronto levantó el brazo, rozando la cabeza que se inclinaba sobre él. Dos relámpagos salieron de su mano, separados por un breve intervalo. La primera llamarada fugaz le hizo ver un rostro conocido... ¿Era verdaderamente Karl, el dependiente de la doctora?... La segunda explosión ayudó á su memoria. Sí que era Karl, con las facciones desencajadas y un agujero negro en la sien... Se irguió con un estiramiento agónico; luego se derrumbó de espaldas, abriendo los brazos.

Esta visión fué instantánea. El capitán sólo podía pensar en él, y se levantó de un salto. Después corrió y corrió, encorvándose para ofrecer á sus enemigos el menor blanco posible.