—Yo me quedo. El capitán del Mare nostrum se ha vendido con su buque.
Tòni hizo un gesto doloroso. Creyó por un momento que Ferragut quería librarse de su presencia y estaba descontento de sus servicios. Pero el capitán se apresuró á darle explicaciones.
Por pertenecer el Mare nostrum á un país neutral, no podía ser vendido á una de las naciones beligerantes mientras durasen las hostilidades. A causa de esto, él lo había enajenado de un modo que no hacía necesario el cambio de bandera. Ya no era su dueño, pero continuaba á bordo como capitán, y el vapor seguiría siendo español lo mismo que antes.
—¿Y por qué debo irme?—dijo Tòni con voz trémula, creyéndose víctima de una preterición.
—Vamos á navegar armados—contestó Ulises con energía—. Por eso he hecho la venta, más que por el dinero. Llevaremos un cañón á popa, telegrafía sin hilos, una tripulación de hombres de la reserva marítima, todo lo necesario para defenderse. Haremos nuestros viajes sin buscar al enemigo, llevando cargamentos lo mismo que antes; pero si el enemigo nos sale al paso, encontrará quien le conteste.
Estaba dispuesto á morir, si tal era su destino, pero agrediendo al que le atacase.
—¿Y no puedo ir yo también?—insistió el piloto.
—No; detrás de ti existe una familia que te necesita. Tú no eres de una nación en guerra, ni tienes nada que vengar... Yo soy el único de los antiguos tripulantes que permanece á bordo. Todos os vais. El capitán tiene una razón para exponer su vida y no quiere cargar con la responsabilidad de arrastraros á todos en su última aventura.
Tòni comprendió que era inútil insistir. Sus ojos se humedecieron... ¿Era posible que se despidiesen para siempre dentro de unas horas?... ¿No vería más á Ulises y á su buque, que se llevaban la mejor parte de su pasado?...
El capitán deseó terminar pronto esta entrevista para mantener su serenidad.