—Mañana á primera hora—dijo—llamarás á la gente. Ajusta las cuentas de todos. Cada uno debe recibir como gratificación extraordinaria la paga de un año entero. Quiero que guarden buena memoria del capitán Ferragut.
Intentó el piloto oponerse á esta generosidad por un resto del áspero interés que le habían inspirado siempre los negocios del buque, pero su superior no quiso dejarle seguir.
—¡Estoy podrido de dinero!—repitió como si se quejase—. Tengo más de lo que necesito... Puedo hacer locuras, si es mi gusto.
Luego miró por primera vez á su segundo frente á frente.
—En cuanto á ti—siguió diciendo—, he pensado lo que debes hacer... ¡Toma!
Le dió un sobre cerrado, y el piloto, maquinalmente, intentó abrirlo.
—No; no lo abras por ahora. Te enterarás de lo que contiene cuando estés en España. Ahí va encerrado el porvenir de los tuyos.
Miró Tòni con ojos asombrados el leve envoltorio de papel que tenía entre los dedos.
—Te conozco—continuó Ferragut—; protestarías al ver la cantidad. Para mí es insignificante, y á ti te parecería excesiva... No abras el sobre hasta que estés en nuestra tierra. En él encontrarás el nombre del Banco al que debes dirigirte. Quiero que seas el más rico de tu pueblo; que tus hijos se acuerden del capitán Ferragut cuando yo haya muerto.
El piloto hizo un gesto de protesta ante esta muerte posible, y al mismo tiempo se restregó los ojos como si sintiera en ellos un cosquilleo intolerable.