Y mientras el viejo marino le daba noticias, él leyó febrilmente las líneas agrupadas á continuación de dicha nombre.

Quedó desorientado. Eran poca cosa para él, que ignoraba los hechos anteriores aludidos por el periódico. Significaban estas líneas una simple protesta contra el gobierno porque no hacía sufrir á la famosa Freya Talberg la pena á que la habían sentenciado. El artículo terminaba mencionando la belleza y la elegancia de la delincuente, como si atribuyese á tales cualidades la demora en el castigo.

Se esforzó Ferragut por dar á su voz un tono de indiferencia.

—¿Quién es esta individua?—dijo señalando el título del artículo.

Su compañero tuvo que hacer memoria. ¡Ocurrían tantas cosas con motivo de la guerra!

—Es una boche, una espía, sentenciada á muerte... Parece que trabajó mucho aquí y en otros puertos dando aviso á los submarinos alemanes de la salida de nuestros transportes... La prendieron en París hace dos meses, cuando regresaba de Brest.

Dijo esto el amigo con cierta indiferencia. ¡Eran tan numerosos los espías!... Con frecuencia publicaban los periódicos noticias de fusilamientos: dos líneas nada más, como si se tratase de un accidente ordinario.

—Esa Freya Talberg—continuó—ha hecho hablar bastante de su persona. Parece que es una mujer chic: una especie de dama de novela. Muchos protestan de que no la hayan ejecutado aún. Es triste tener que matar á una persona de su sexo. ¡Matar á una mujer, y además una mujer hermosa!... Pero sin embargo, resulta preciso... Creo que la fusilarán de un momento á otro.


XII