¡ANFITRITA!... ¡ANFITRITA!
El Mare nostrum hizo otro viaje de Marsella á Salónica.
Buscó en vano Ferragut antes de partir nuevas noticias de Freya en los periódicos de París. Varios sucesos distrajeron por unos días la atención pública, y la espía quedó momentáneamente olvidada.
Al llegar á Salónica hizo discretas preguntas á sus amigos militares y marinos en los cafés del puerto. Casi todos desconocían el nombre de Freya Talberg. Los que lo habían leído en los diarios contestaban con indiferencia.
—Sé quién es: una espía que fué artista; una mujer de cierto chic. Creo que la han fusilado... No lo sé cierto, pero deben haberla fusilado.
Tenían cosas más importantes en que pensar. ¡Una espía!... Por todos lados se tropezaba con los manejos del espionaje alemán. Había que fusilar mucho... Y olvidaban inmediatamente este asunto para hablar de los azares de la guerra, que les amenazaban á ellos y á sus compañeros de armas.
Cuando Ferragut volvió á Marsella, dos meses después, ignoraba si su antigua amante estaba aún entre los vivos.
La primera tarde que encontró en el café de la Cannebière á su contertulio el viejo capitán, fué encaminando la conversación hábilmente hasta poder formular con naturalidad la pregunta que llevaba en su pensamiento: «¿Qué había sido de aquella Freya Talberg que tanto preocupaba á los periódicos antes de salir él para Salónica?...»
El marsellés tuvo que hacer un esfuerzo para acordarse.
—¡Ah, sí!... ¡la espía boche!—dijo tras de una larga pausa—. La fusilaron hace unas semanas. Los periódicos han hablado poco de su muerte. Unas cuantas líneas; esas gentes no merecen más...