El monje griego que nos la enseña, relata la historia de la prodigiosa fuente; el famoso «milagro de los peces».
En el mismo instante que los turcos entraban por asalto en Constantinopla, un monje de este convento estaba friendo unos pescados. Otro monje, consternado por el suceso, se presentó en la puerta dándole la terrible noticia.
—¡Bah!—repuso el primero no admitiendo que Bizancio pudiera ser tomada—. Creeré en eso cuando vea á mis pescados saltar de la sartén.
Y los pescados saltaron, medio rojos y medio negros, pues sólo estaban fritos por un lado, y fueron á refugiarse en el agua de la cisterna, donde nadan aún.
El barbudo monje de ahora nos cuenta esta leyenda, simple hasta la estupidez, con grandes aspavientos dramáticos para demostrar su fe: pero indudablemente cree en ella lo mismo que nosotros.
Después, siguiendo la costumbre, nos hisopea con el agua prodigiosa, á guisa de bendición, y... tiende la mano.
He aquí el verdadero milagro de los peces. Este sí que es indiscutible.
Convertir en monedas las gotas de agua de la santa cisterna.
XXXII
La Noche de la Fuerza
Va á comenzar el Ramadán, el mes sagrado de los musulmanes, la extraña Cuaresma que es, mientras luce el sol, ayuno y angustias, y así que cierra la noche, una orgía sin término.