Y Ferid-Pachá sonrie y vuelve á cerrar el puño con expresión de energía.

Me hace otras preguntas sobre España, y yo, mientras las contesto, sigo mirando el busto. ¿Pero de quién será?...

—¿Conocéis á monsieur Moret? Es abogado nuestro. Nos lo ha recomendado el emperador de Alemania para que intervenga en un asunto de Turquía.

Y Ferid-Pachá, con una expresión triste, me cuenta en breves palabras el asunto. Uno de tantos abusos de la rapacidad europea: grandes empresas de Occidente que vienen á establecerse en Turquía con el pretexto de civilizarla, y luego de enriquecerse engañando la sencillez otomana, todavía se fingen perjudicadas y exigen enormes indemnizaciones al gobierno.

Su Alteza sigue haciéndome preguntas sobre mi país, y yo continúo mirando el busto con excitada curiosidad.

—¿Y vuestro rey?—pregunta sonriendo el Gran Visir.

No sé qué contestar á esta breve interrogación, y el personaje añade con dulce sonrisa:

—¡Qué actividad! ¡Qué exuberancia de vida! ¡Oh, la juventud!... Vuestro rey nos inspira grandes simpatías. Viaja, se entrega á los sport, le gusta ser soldado, se divierte... Hace bien, hace bien.

Luego añade con expresión sentenciosa:

—Los monarcas deben divertirse. Para eso tienen servidores fieles que se encargan de gobernar por ellos, sufriendo las amarguras del poder.