Pensó en el toro, al que arrastraban por la arena en aquel momento con el cuello carbonizado y sanguinolento, rígidas las patas y unos ojos vidriosos que miraban al espacio azul como miran los muertos.
Luego vio con la imaginación al amigo que estaba a pocos pasos de él, al otro lado de una pared de ladrillo, también inmóvil, con las extremidades rígidas, la camisa sobre el pecho, el vientre abierto y un resplandor mate y misterioso entre las pestañas cruzadas.
¡Pobre toro! ¡Pobre espada!... De pronto, el circo rumoroso lanzó un alarido saludando la continuación del espectáculo. El Nacional cerró los ojos y apretó los puños.
Rugía la fiera: la verdadera, la única.
FIN
Madrid.—Enero-Marzo 1908.
OBRAS DEL AUTOR
CON EL NUMERO DE EJEMPLARES IMPRESOS EN ESPAÑA[[*]] DE CADA UNA DE ELLAS, HASTA OCTUBRE DE 1924
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