Tal vez Gorgonio fuí, tal vez Narciso;

Y para no cansaros ni cansarme,

Dejé el humor correr por donde quiso.

Yo lo confieso: pueden condenarme

Por mi dicho, mejor que por mi dicha:

Que ni quiero, ni quieren perdonarme...

Tras esta confesion leal é ingénua, aunque valiente, el poeta revuelve, como quien de su superioridad tenia tan hecha la conciencia, contra sus detractores, y así los apostrofa:

¿De qué le sirve aquel andar compuesto

Al virtuoso, trafagando el mundo,

Á mil peligros y borrascas puesto;