Cultivar huertas y ordeñar las cabras;
Si crece el pan; si el alcacel retoña;
Si Abbu-Hassen promete viento ó pluvia;
Y todo el resto es vértigo y ponzoña...
Entretanto, procurando mejorar de posicion, y habiendo quedado vacante en Santa María la Mayor un beneficio de los enteros, por muerte del bachiller Alonso Gomez, su último poseedor, aspiró á él, presentándose en Coin á las oposiciones ante el obispo de Málaga, D. García de Haro, que sucedió á su favorecedor Pacheco. Á 4 de agosto de 1591 se elevó la propuesta del prelado á la resolucion del Rey. Ocupaba el primer lugar en la terna Alonso Dominguez, bachiller en cánones por Osuna y beneficiado de Marbella, el cual antes habia sido durante once años cura y vicario de Ronda. Otro beneficiado de Santa Cecilia, que tambien habia desempeñado los curatos de Júzcar, Farajan, Córtes y Jimera, y el del Espíritu Santo en la ciudad natal, Juan Perez, iba en el segundo, y en el tercero Espinel, sin mas títulos que el de bachiller en artes, el de su medio beneficio en la Iglesia de Santa María, su conocimiento en el latin y en el contrapunto y su destreza en canto, ansi llano, como de órgano. Esta vez el bachiller Dominguez fué mas afortunado, y Espinel, que acababa de publicar sus Rimas, no se detuvo desde Málaga hasta Madrid. No fué estéril su viaje. Habia en Ronda un Hospital Real, llamado de Santa Bárbara, fundado y dotado desde el tiempo de la reconquista por los señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel. Disfrutaba pingüe renta con los acrecentamientos que despues se le habian ido agregando, y tenia un capellan de nombramiento real y con consignacion no escasa para los ministerios espirituales. El licenciado Francisco Diaz Gil, habia sido el primero en este oficio que sirvió por espacio de mas de treinta años desde 1520, en que el emperador Cárlos V organizó aquella fundacion. Sucedióle hasta edad muy avanzada el licenciado Pedro Diaz Cansino, y á su muerte, ocurrida en la primavera de 1591, la ciudad nombró capellan interino entretanto que S. M. resolvia. No se allanó á aprobar esto el obispo de Málaga, y en tal disputa Espinel, presentándose en Madrid, obtuvo que en él se resolviese la cuestion. Mal sentó en la ciudad su nombramiento; pero él quiso salvar el conflicto, quedándose personalmente en Madrid á caza de pretensiones mas ventajosas y nombró para el Hospital Real de Ronda sustituto en el licenciado Gabriel Espinosa de los Mossos, beneficiado de la Mayor y Comisario del Santo Oficio. Desde entonces comenzó en Ronda una nueva y cruda guerra contra Espinel, de quien se pretendia nada menos que renunciara el cargo. En 12 de enero de 1594 la ciudad elevó un papel al Rey, en el cual le exponia que el Hospital se hallaba abandonado, que el beneficiado Vicente Espinel, á quien dió el Rey su capellanía, «está en essa corte y no la a ydo ni ba a servir, de que a auido algunos ynconvenientes», y por último solicitaba mandase «al dicho uiçente Espinel la baya a seruir dentro de vn mes, donde no que V. mag.d mande nombrar otro capellan, pues no es justo que los pobres padezcan por no querer y a cabo de tanto tiempo.» Por cédula de S. M. mandóse á Espinel fuera á residir su destino; pero él halló medio de excusarlo presentando en 28 de abril instancia acompañada de una informacion de médicos hecha ante el vicario de Madrid, Alonso Serrano, canónigo de Toledo, en la cual el doctor Maximiliano de Céspedes y el licenciado Baltasar de Leon declararon que, á causa del mal de orina y carnosidad que Espinel padecia, á ponerse en camino sin curarse, quedaba su vida en peligro. Á pesar de todo, no fué posible prolongar mucho tiempo este estado, y al cabo, en la primavera de 1595, hizo el poeta su cuarta y última expedicion á su patria.
¿Volvió verdaderamente en ella á los desenfrenos de su juventud? ¿Fueron todo armas de enemistad y venganza contra él? En 1596 por gestiones de Ronda se le quitó el medio beneficio de Santa María, y luego se redactó en su daño una informacion sobre su vida y costumbres desarregladas que el corregidor de Ronda, Alonso de Espinosa Calderon, elevó al Rey en 24 de octubre de 1597. Habiendo sido remitida de órden de Felipe II al vicario de aquella ciudad, se ha perdido este documento y no consta por lo tanto en la copiosa coleccion diplomática de Simancas. Seria curioso verlo. Lo que consta en cambio son ciertas cartas del corregidor citado y de la ciudad en pleno, fechas de 24 de octubre de 1597 y de 18 y 27 de enero de 1598, con las sentidas quejas que las produjeron. Espinosa Calderon acusó á Espinel de que con la renta del Hospital «lo pasa muy bien, sin que en ninguna cosa se ocupe en el servicio de V. mag.d como fundador dél, ni en munchas cosas a questá obligado del seruicio de dios, nuestro señor;... y apurando al capellan lo haga, se escusa con dezir no está obligado, ni á otra cosa alguna, ni lo haze mas de tirar la rrenta.» No tuvo efecto este aviso, y entonces se escribió otro, en que se agravaban los cargos y se decia:—«a el presente sirue el dicho ospital Viçente Espinel. Este capellan es hombre de tales costumbres, trato y manera de bibir, que paresce por la ynformacion que va con esta por sus vicios y culpas y excessos y neglixençias y cobdiçia, conviene al seruiçio de dios, nuestro señor, y de Vuestra Mag.d que se sirua Vuestra mag.d de mandar proueer rremedio, mandando nombrar otro capellan qual convenga, porque con rreprehencion ni castigo entendemos no podrá auer rremedio contra lo ques condiçion propia y costumbres antiguas.» Á esta representacion, además de la del corregidor, acompañaban las firmas de los caballeros regidores Diego Ximenez Bustos, Don Bartolomé de Villalon, Rodrigo Espinosa de la Rua, Martin Gonzalez Gil, D. Gutierre de Escalante y D. Gaspar Vazquez de Mondragon. No obstante el castigo para Espinel no debió ser muy duro, pues se satisfizo con nombrar un nuevo sustituto, que lo fué hasta su muerte, en la persona del beneficiado José Ruiz Parra, y en volverse él á la córte á su vida brillante de las letras y del arte que profesaba.
VII.
Á 13 de setiembre de aquel año de 1598 murió en el Escorial el rey Felipe II, y no fué antes llegar á Ronda la noticia, que disponer su vuelta á la córte el inquieto capellan de Santa Bárbara. Al principio de 1599 entró en Madrid, y para mayo del mismo año ya se le habia dado colocacion permanente, en uno de los cargos que más podian halagar la idea que él mismo tenia de sus propias habilidades. La facultad y los conocimientos musicales de Espinel, y su invencion de la quinta cuerda de la guitarra española, más bien han sido considerados hasta aquí, como adorno de su persona y perfeccion de su ingenio, que como progresos positivos en una profesion, que á él le valió en vida tanta dignidad como el sacerdocio. El papel que en el arte divino ha representado siempre la guitarra no ha sido por otra parte, el más adecuado para conceder importancia á los adelantos reflejados sobre este instrumento. Sin embargo en el acto I, escena 8.ª de la Dorotea hace Lope de Vega decir á Gerarda:—«Á peso de oro avíades vos de comprar un hombron de hecho y de pelo en pecho, que la desapasionase de estos sonetos y de estas nuevas décimas ó espinelas que se usan; perdóneselo Dios á Vicente Espinel, que nos trujo esta novedad y las cinco cuerdas de la guitarra con que ya se van olvidando los instrumentos nobles.»
El doctor Cristóbal Suarez de Figueroa en su Plaza universal de todas las ciencias en 1615, llamó á Espinel, autor de las sonadas y cantar de sala, al tratar de los tañedores insignes de guitarra como Benavente, Palomares, Juan Blas de Castro y otros. El portugués Nicolas Doyzi de Velasco, músico de S. M. y del Sr. Infante Cardenal D. Fernando, en su Nuevo modo de cifra para tañer la guitarra que publicó en 1630 en Nápoles, hallándose al servicio del virey duque de Medina de las Torres, dijo que en Italia, en Francia y las demás naciones llevaba la guitarra el nombre de española, desde que Espinel, á quien conoció en Madrid, la aumentó la quinta cuerda, á que llamamos prima, con lo que quedó tan perfecta como el órgano, el clavicordio, el arpa, el laud ó la tiorba, y aun más abundante que estos instrumentos. De la misma invencion de Espinel dedujo la perfeccion que la otorga el licenciado Gaspar Sanz en su Instruccion de música sobre la guitarra española, que publicó en 1674 en Zaragoza y dedicó á D. Juan José de Austria, el bastardo de Felipe IV. El mismo Lope de Vega, apenas nombra una sola vez á Espinel en alguna de sus obras, y lo nombra en muchas, sin celebrar al músico tanto como al poeta. En su dedicatoria de El caballero de Illescas dice á Espinel que el bello arte «no olvidará jamás en los instrumentos el arte y dulzura de vuesa merced.» En la dedicatoria de La viuda valenciana, á D.ª Marta de Nevares, haciendo encomios de las bellas prendas que adornaban á esta señora, dijo Lope de Vega tambien: «si toma en las manos un instrumento, á su divina voz é incomparable destreza el padre de la música, Vicente Espinel, se suspendiera atónito.» Que esta era opinion comun entre los contemporáneos, no es preciso acreditarlo con los pasajes del Márcos de Obregon que á ello se refieren: basta registrar los libros dogmáticos ó rituales de la música de aquel tiempo, y muchos son los que entre sus precedencias contienen la autorizada firma de Espinel en el catálogo de sus censuras. Sabido es que estas no se confiaban sino á personas competentes en lo que habian de examinar. Sirvan de ejemplo los Tres cuerpos de música, compuestos por Juan Gil de Esquivel Barahona, racionero y maestro de capilla de la catedral de Ciudad Rodrigo, los cuales son misas, magnificat, himnos, salmos y motetes y otras cosas tocantes al culto divino, todo conforme al rezo nuevo, que por mandado del Sr. D. Martin de Córdova, presidente del Consejo de la santa Cruzada, aprobó Espinel en diciembre de 1611, hallando en ellos «muy apacible consonancia y gentil artificio y música de muy buena casta así en lo práctico, como en lo teórico.»
Seria un error creer que Espinel no sacara el debido provecho de esta tan educada capacidad que poseia; así se le vió en 1599, salir de Madrid para Alcalá de Henares, en cuya Universidad se graduó aquel año de Maestro en artes, y desde la regia academia, fundada por el cardenal Ximenez de Cisneros, dirigirse á la Capilla del obispo de Plasencia, cuyo protector D. Fadrique de Vargas Manrique le tenia reservado una plaza de capellan con 30,000 mrs. anuales de emolumentos y 12,000 más como Maestro de la linda capilla de música de que estaba dotada aquella fundacion y por enseñar á los seizes. Nada más curioso que registrar en los libros de cuentas de aquel tiempo las partidas otorgadas á Espinel por gastos de su ministerio en la capilla del obispo. En el libro II de dichas cuentas, á la primera vista que por ellas se pasa en las de 1599, al fól. 29 vto. se tropieza con esta partida: «Item, da por descargo (el capellan mayor licenciado Alonso Hernandez) 46 rs. que pagó por un libro de las Magníficas, para la dicha capilla, como pareció por certificacion del maestro de capilla Espinel.»—En las de 1601, al fól. 45 vto. tambien se le aprobó al mayordomo y capellan, Juan de Arganda, el siguiente capítulo: «Item: se le reciben y pasan en cuenta 3 rs. de una mano de papel que dió al Maestro Espinel para los villancicos.» En la capilla del obispo Vicente Espinel perseveró hasta el término de sus dias, y aunque algunos meses antes de su muerte ascendió por antigüedad al cargo de capellan mayor, que era el último grado de los que en ella se obtenian, nunca dejó el de maestro de la de música, pues todavía en las cuentas de 1622 y de 1623, se hallan capítulos como los siguientes:—1622—«Recíbense en cuenta al dicho mayordomo (Gabriel del Espinar) 8000 mrs. por tantos que pagó al maestro Espinel, maestro de capilla, de su salario de ocho meses.»—1623—«Mas se le pasan en cuenta al dicho 4000 mrs. por tantos que pagó al maestro Espinel, maestro de capilla, del salario de cuatro meses.»—¿No son estas noticias tan auténticas, un solemne mentís contra los que hasta aquí han venido sosteniendo que, pobre é imbele pasó Espinel el resto de sus dias, recogido en el asilo eclesiástico de santa Catalina de los Donados, que no era sino un Hospicio? Pero con esta ligereza está sostenido en España por los hombres más serios y de reputacion más voluminosa, todo lo que hasta aquí está escrito en materia de biografía y de historia.