Hay aquí un turco muy poderoso en hacienda, y abundante en esclavos, venturoso en la mar, y esperimentado en la tierra, llamado Mami Reis, es hombre de gentil determinacion, de buen talle, liberal y bien quisto. Yendo este en corso por la costa de Valencia anduvo algunos dias sin poder encontrar presa en el agua, hasta tanto que los mantenimientos le faltaron; vista la necesidad saltaron en tierra él y sus compañeros con mucho riesgo y peligro de sus personas, porque encendiendo hachas por toda la costa los inquietaron de modo que se tornaron al agua, disparando algunas piezas contra la gente del socorro. Con la priesa que llevaban se dejaron en tierra al señor de la galeota y á otro soldado amigo suyo muy valiente, que viéndose perdidos se entraron en un molino, donde hallaron solamente una doncella hermosísima, que de turbada no pudo huir con las demás gentes. Amenazáronla porque no diese voces, y en viendo la costa quieta hicieron la seña que tenian hácia las galeotas, y en viendo la primera noche vinieron al molino, y antes que tornase la gente del rebato cogieron al capitan y su compañero, llevándolos á su galeota juntamente con la cautiva doncella. La hermosura de ella era de manera que dijeron, y con verdad, que tal joya de talle y rostro no se habia jamás visto en Argel. El capitan, dueño de las galeotas, dijo que estimaba en más aquella presa que si hubiera saqueado á toda Valencia. Ella iba acongojadísima y llorosa, y él diciéndola que no fuese desagradecida á su buena fortuna, pues iba á ser señora de toda aquella hacienda y otra mayor y de más importancia, y no á ser esclava como pensaba. Pero la hermosura y apacibilidad del rostro, acompañada con una mansa gravedad, era de modo que se puede decir que siendo de noche dió luz á toda la galeota, á quien todos se rindieron y humillaron como á cosa divina, admirándose que Valencia criase tan soberanas prendas. Fuéla consolando por toda la navegacion, que el turco sabe hablar un poco la lengua española, y es hombre de muy buena suerte y talle, muy venturoso en cuantas empresas ha acometido, muy rico en tierras, joyas y dineros, muy acepto á la voluntad de todos los reyes de Argel. Para abreviar, fuése á desembarcar, no á la ciudad, sino á una heredad suya de grande recreacion de viñas y jardines muy regalados. Ella que se vió tan obedecida de esclavos y amigos del turco, parece que se fué ablandando y dejando la tristeza que le habia causado el cautiverio. Vino andando el tiempo á querer bien á su amo, y á casarse con él, dejando su religion verdadera por la del marido, en que vivió con grandísimo gusto seis años ó siete, querida, servida, regalada, llena de joyas y perlas, y muy olvidada de haber sido cristiana. Por cuya contemplacion se hicieron y hacian cada dia alegrísimas fiestas de cañas y otras invenciones, porque su condicion se parecia mucho á su cara, y la cara se aventajaba á todas las de Argel, de manera, que si no se casára luego con ella, se la quitáran para enviarla al gran Turco. Pues viviendo con toda esta idolatría, siendo su gusto la norma con que todos vivian, habia allí un esclavo de Menorca, hombre de suerte, que como los demás comunicaba con ella: vino su rescate, y el buen hombre fuése á despedir de ella, y preguntóle en qué lugar habia de residir; él se lo dijo, y ella le mandó que viviese con cuidado para lo que sucediese. Él, que no era lerdo, la entendió, y yéndose á Menorca, vivió con él todo el tiempo que pasó, hasta que tuvo ella modo como escribirle una carta á Menorca, en que le decia que viniese con un bergantin, bien puesto, á la heredad de su marido, á media noche para tal dia. Como llegó el tiempo en que todos salen de Argel en corso, su marido armó sus galeotas con trescientos esclavos, muy hombres de hechos, llevando vestidos á la española, y fué á su ventura, azotando las olas con mucha gallardía, mirándolo su mujer, y dándole mil favores desde una torre de su propia casa. El tiempo era muy caluroso, y el dia que tenia concertado en la carta se acercaba. Fingióse muy afligida de la ausencia y del calor, y dijo á sus esclavos y gente que se queria ir á consolar á su heredad y jardines, y llevó consigo, como para estar muchos dias, algunos cofres, donde iban vestidos, joyas y dineros y toda la riqueza de oro y plata que habia en su casa, donde estuvo algunos dias regalándose á sí y á sus esclavos y mujeres, que si antes la querian mucho, entonces la adoraban. Llegó la noche que tenia concertada sin haberse descubierto á nadie, con tan grande sagacidad y secreto, que ni aun por el pensamiento se pudiera imaginar su determinacion, y puesta á una ventana aguardó hasta las doce de la noche, sin dormir ni pegar sus ojos, que vió un bulto que venia de hácia la mar: hizo la seña que estaba concertada por la carta, y acudiendo bien á ella el hidalgo, dijo: Ea, que aquí está el bergantin. Entonces la determinada señora habló con toda la brevedad que pudo á sus esclavos, diciendo: Hermanos y amigos, comprados con la sangre de Jesucristo; mi determinacion es esta, el que quisiere libertad y vivir como cristiano, sígame hasta España. Respondió por todos un gran soldado cautivo, natural de Málaga: Señora, todos estamos determinados de obedecer vuestro mandamiento; pero mirad el peligro en que os poneis y nos poneis, que ya las torres dan aviso, y en amaneciendo cuajarán la mar de galeotas, y nos darán caza sin duda. Á que ella respondió: Quien me puso esto en el corazon me guiará á salvamento; y cuando no suceda, más quiero ser manjar de horribles mónstruos marinos en los profundos abismos de las profundas cavernas del mar, muriendo cristiana, que ser reina de Argel contra la religion que profesaron nuestros pasados. Y sirviendo la hermosísima mujer de valeroso capitan, alentó á sus esclavos de manera que en un instante llevaron al bergantin los cofres y riquezas, dejando muertos á puñaladas á una negra y á dos turquillos que daban voces. Juntos los esclavos, que ya no lo eran, con los que venian en el bergantin, todos hombres honrados y de gran pecho, se confortaron de manera unos á otros, que el bergantin volaba con la fuerza de los remos y el viento que ayudaba.

En sabiéndose el caso en Argel, que fué luego, echaron tras ellos cuarenta ó cincuenta galeotas, llevando cada cual su centinela en la gavia y en la entena, que entendieron dar luego con el bergantin; más parece que Dios ó lo guió ó lo hizo invisible; pues fuera de la diligencia dicha, su marido Mami Reis andaba por las islas, y ni los unos ni los otros dieron con el bergantin, hasta que al amanecer se hallaron entre las dos galeotas de su marido, que para la tierra adentro llevaba su gente vestida á la española. Ella con gran presteza y sagacidad mandó que los demás que iban en el bergantin con los esclavos se pusiesen como turcos, para que pudiesen huir dando á entender que huian de españoles. Fué gallarda y astuta la advertencia, porque viendo Mami Reis que huian de él se holgó, diciendo: Sin duda parecemos españoles, pues aquel bergantin de turcos se huye de nosotros, y con grande risa celebraron la huida del bergantin, que con esta traza se libraron, y llegaron á España, donde está muy rica y contenta, haciendo grandes limosnas de la hacienda de su marido: y aunque en Argel sucedió otro caso semejante á este, fué con más poder y menos circunstancias. Ya sabes á qué propósito te he contado este caso, sucedido poco tiempo há, y sin duda yo creo que ninguno hay que no tenga estampada en el corazon la primera religion que profesó, digo de los bautizados, si bien esta mujer mostró más que todos aquel pecho varonil, y determinacion cristiana. No me espanto, dije yo, que esa señora haya tenido tan grande valor en su determinacion, que es propio de mujeres poner por obra lo que se les pone en la testa, ni que haya vencido en atrevimiento á los hombres, ni de que tuviese traza para ejecutar su intento, que todo eso es creible en su natural inclinacion. Lo que me admira es que haya tenido capacidad para guardar el secreto tanto tiempo, que es más dificultoso en las mujeres guardar el secreto que guardar la castidad; porque ninguna se escapa de tener una amiga con quien comunica lo pasado, presente y venidero. Que lo otro no fué más de encajársele en la cabeza que lo habia de hacer, porque carecia del discurso que habia menester un caso tan árduo, importante y peligroso, que se atrevia á su marido, á los corsarios y á todo Argel, á todas las olas y borrascas del mar Mediterráneo, á las bestias marinas jamás vistas, ni conocidas en su elemento, ni fuera de él, y todo esto no fué tan grande hazaña como no revelar todo el secreto que tanto importaba. Todo eso, dijo mi amo, es verdad, pero una cosa me hace más contradiccion, y es: ¿Cómo esa, siendo doncella, no tuvo valor para huir del molino con las demás cuando la cautivaron, y lo tuvo despues para emprender un hecho tan heroico? Á eso, dije yo, es fácil la respuesta, porque cuando esa señora era doncella, con la frialdad natural que todas ordinariamente tienen, la trabó el temor los miembros y venas del cuerpo, de manera que no pudo huir, ni aun moverse de su lugar: pero despues que se casó, y la abrigó la fuerza del calor del marido, mejoró su naturaleza, y cobró espíritu para acometer esa empresa tan difícil. Y de todas las mujeres de quien se hace mencion en la antigüedad no se sabe que fuesen doncellas, ni aun se puede creer. ¿Pues las Amazonas, preguntó mi amo, no se dice que fuesen doncellas? Señor no, respondí yo, ni en tanto que lo eran salian á las batallas, sino ejercitándose, no en ócio, ni en lanificio, sino en cazas de fieras, en andar á caballo, usando de la lanza, arco y saeta; y para hacerse más fieras, se mantenian de tortugas y lagartos: y en siendo de edad para ello se mezclaban con los varones circunvecinos: y si del concúbito parian hijo varon, ó le mataban, ó le mancaban de manera que no quedase para ejercicio de hombre; y si parian hembra, porque no fuese impedimento para tirar al arco, le sacaban ó cortaban el pecho diestro, que eso quiere decir Amazonas, Id est, sine ubere, sin teta; pero ninguna de ellas por sí sola hizo tan grande hazaña como esta valenciana.


DESCANSO XIV.

C

Como los esclavos y compañeros iban dormitando, tuvimos lugar y espacio mi amo y yo para tratar esta materia y otras, con que se venció el sueño. Habiendo reposado un tanto, dentro de dos horas descubrimos las islas Baleares, Mallorca y Menorca, Ibiza, y otras islas pequeñas; pero no nos acercamos á Mallorca, por el cuidado con que aquella isla vive, hasta ser de noche: y aunque aguardamos á esto, fué menester apresurarnos, porque si bien se parecieron presto, habia bien que trabajar para llegar á ellas. Acercámonos á Mallorca por mejor, y para él fué peor, porque al despuntar de un risco estaba en él una centinela que dió aviso á las galeras de Génova, que andaban por coger á mi amo, y aunque se acercaba la noche, comenzaron á batir los remos con grande furia hácia nosotros. Mi amo viéndose perdido pasóse á la otra galeota, llevando consigo la más granada gente que traia en ambas, y dióme á mí cargo de mirar por la que me dejaba con poca gente; confiándose que hablando yo español podria responder á propósito, y tener algun remedio la galeota. De suerte, que me dejó por estorbo para que hiciesen la presa en mí, y se pudiese librar. Sucedióle como él lo habia pensado, porque como hombre astuto y muy práctico en toda la costa, no se hizo á la mar, sino á la isla, que como era casi de noche, de caleta en caleta se fué escondiendo, y en obscureciendo se hizo á la mar y se escapó. La galeota en que yo habia quedado, como no llevaba gente que bogase, sino muy poca, y la más ruin, fuése quedando tanto, que las galeras pudieron tirar una pieza para que nos rindiéramos. Parámonos, y en llegando cerca yo, muy alentadamente, y en bien claro español, dije: Rendidos somos. Pues á vos buscamos, dijeron las galeras, llamándome por mil nombres infames, que realmente como la galeota era aquella en que siempre andaba mi amo, y hablé tan claro español, me tuvieron por el renegado. Echaron al remo todos los turcos, canalla que hallaron conmigo, y á mí pensando que habian dado con lo que buscaban, me maniataron para llevarme á Génova y hacer en mí un gran castigo. Decíame el capitan de la capitana: Quante volte habete scampato la vita, can renegato, adeso non scamparate, se non impiccato? Señor, dije, mire V. S. que yo no soy el renegado que V. S. piensa, sino un pobre español esclavo suyo. Por la defensa cargaron sobre mí tantos palos que me obligaron á decir: Dicen que Génova es monte sin leña; pero harta ha habido para mí ahora. Riéronse dos músicos españoles que traia el general en su galera de mi respuesta, y más de la paciencia con que lo llevé: uno de los cuales conocia yo muy bien, y entre ellos, por lo que les declaró uno de los músicos, tambien hubo alguna risa. Yo me arrimé á un rincon maniatado, y dando gracias á Dios que tantas veces me veia ejercitado en trabajos y miserias; que las desdichas nos traen á la memoria las misericordias de Dios, y no los pecados por que las merecemos; que si quisiésemos advertir cuánto mayores son que los trabajos que Dios nos envia, nos consolaríamos, y no nos quejaríamos de los instrumentos que Dios toma para castigarnos, que son sus invenciones tan secretas y tan grandes que nos ponen en cuidado de considerar por donde nos vino el daño, y no por donde lo teníamos merecido, y es tan piadoso en el castigo, que no quiere infamarnos por lo que merecemos, sino darnos en que merecer por lo que sufrimos, y llevar en paciencia lo que no habemos pecado, que su misericordia á todo esto se estiende, que nos ejercita en lo que no pecamos para descuento de lo que merecemos en lo que pecamos, y luego echamos la culpa á aquellos por cuya mano viene el justo castigo de Dios, que con lo que no habemos hecho nos castigó lo que habemos hecho, por estimar en tanto nuestra honra que no quiere muchas veces castigarnos por los mismos filos que nos matan interiormente, porque no nos desconsolemos, ni lo tengamos por ejecutor cruel. Acuérdome yo ahora de las desventuras que desde niño me han seguido, y no me acuerdo de los delitos de mi juventud. Viéneme á la memoria cuanto bien he hecho á algunos hombres en esta vida, y que por estos mismos han venido muchos males, porque Dios toma semejantes instrumentos para confusion y castigo de pecados cometidos con ignorancia ó con malicia. Yo estoy ahora en fama de renegado, y maniatado, agraviado injustamente por un astuto y endiablado hombre, precito y descomulgado; y si quiero volver los ojos atrás veo que merezco estos y otros mayores castigos de la mano de Dios. Á esto llegó un bellaco de un cómitre, y dándome con un rebenque, me dijo: ¿Qué habla el perro entre dientes? Callé porque no segundase. El señor Marcelo Doria, que era general, movido á misericordia, dijo, que hasta averiguar quién era no me tratasen mal. Yo como ví la puerta abierta á la piedad, dije: Suplico á vuestra excelencia, pues la defensa natural es concedida á todos, se me conceda á mí, que yo sé que en sabiendo vuestra excelencia lo que soy, no solamente no padeceré en manos de un tan gran príncipe, pero espero en Dios que me tiene de honrar más que merezco. Yo daré en Génova, y aun en esta galera, testigos que me conocieron en la córte del rey Católico en el tiempo que este renegado andaba haciendo mal en todas estas costas, y será uno de ellos el señor Julio Espínola, el embajador. Hízome desatar, y habló conmigo, preguntándome todo lo que deseaba saber del renegado: yo le dije la astucia con que se habia escapado, con que satisfice algo de mi persona, y puso mucha culpa á los que no siguieron la empresa. Tornéme á mi rinconcillo, aunque no maniatado, y púseme en cluquillas, las dos manos en el rostro, y los codos en las rodillas, porque no me conociese el músico, pensando en mil cosas. Yendo navegando hácia Génova, viendo que ya se habria dado noticia en Argel que las galeras de Génova corrian la costa, pasamos el golfo de Leon con una poca de borrasca, y habiéndolo atravesado de punta á punta, mandó el general á los músicos que cantasen, y tomando sus guitarras, lo primero que cantaron fué unas octavas mias que se glosaban:

El bien dudoso, el mal seguro y cierto.

Comenzó el tiple, que se llamaba Francisco de la Peña, á hacer excelentísimos pasages de garganta, que como la sonata era grave habia lugar para hacerlos, y yo á dar un suspiro á cada cláusula que hacian. Cantaron todas las octavas, y al último pié que dijeron: