El bien dudoso, el mal seguro y cierto,

ya no pude contenerme, y con un movimiento natural inconsideradamente, dije: Todavía me dura esa desdicha. Como fué en alta voz, miró el Peña, que por venir yo tan disfrazado de cara y de vestido, y por ser él corto de vista, no me habia conocido antes, y en viéndome, sin poder hablar palabra, humedecidos los ojos, me abrazó, y fué al general, diciendo: ¿Á quién piensa V. E. que traemos aquí? ¿Á quién? preguntó el general. Al autor, dijo Peña, de esta letra y sonata, y de cuanto le habemos cantado á V. E. ¿Qué decís? Llamadle acá. Lleguéme con harta vergüenza, pero con ánimo alentado, y preguntóme el general: ¿Cómo os llamais? Márcos de Obregon, respondí yo: el Peña, hombre que siempre profesó verdad y virtud, llegó al general y le dijo: Fulano es su propio nombre, que por venir tan mal parado debe de disfrazarlo. Espantóse el general de ver un hombre de quien tenia tanta noticia en tan humilde traje, y rodeado de tantos trabajos y tan injustamente maniatado. Preguntóme la causa de ello, y yo con mucha paciencia y humildad le conté todo lo sucedido, porque el galeon del Duque de Medina habia parado en el Final. Hízome mucha merced, particularmente trastejándome de vestidos. Y en llegando á Génova visité á Julio Espínola el embajador, cuya amistad yo habia profesado en la córte de España, que certificado Marcelo Doria de esta verdad, ambos me hicieron merced de acomodarme de dinero y cabalgadura para Milan; pero primero quise ver aquella república tan rica de dineros y antigüedad, de nobles y antiquísimas casas, descendientes de emperadores y grandes señores, y de la mayor nobleza de Italia; como son Dorias, Espínolas, Adornos, de cuya notabilísima familia hay un ramo en Jerez de la Frontera, emparentado con grandes caballeros españoles, y señalado con el hábito de Calatrava y las demás órdenes: como don Agustin Adorno, caballero tan virtuoso como principal. Y como mi intento no era parar allí, dispúseme para proseguir mi viaje á Milan, para donde habia salido de España.


RELACION TERCERA

DE LA VIDA DEL ESCUDERO

MARCOS DE OBREGON.