De virtuoso no merezco el nombre,

Más que de docto y sabio un ignorante;

Bien sé que no soy ángel, sino un hombre,

Y no quizá de inclinacion tan buena,

Que de Florencia y de Turin se asombre.

Tuve en la juventud, de abrojos llena,

Virtudes pocas, abundantes vicios,

Que me amenazan con ardiente pena.

De la templanza traspasé los quicios:

De Baco y Céres ocupé el regazo;