«Baltasar Rodríguez de Carabajal, su hijo.
«Doña Catalina, mujer de Antonio Díaz de Cáseres.
«Doña Leonor, mujer de Jorge de Almeida.
«Doña Mariana, doncella.
«Doña Isabel, viuda, todas sus hijas, y
«Doña Catalina de León, mujer de Pérez Ferro.
«Y contra cada una de ellas: presentes las dichas honestas personas, y que no lo dice por odio, ni enemistad, etc. Pasó ante mí.—Pedro de los Ríos.»
Siguieron adelante los procesos, y en general todos los hijos é hijas de Doña Francisca confesaron con tal espontaneidad todo cuanto sabían, que con ellos no tuvieron los Inquisidores, ni necesidad de ocurrir al tormento.
Luis de Carabajal, el mozo, no el gobernador, en una de las audiencias pidió un pliego de papel para escribir y presentar á la Inquisición unas oraciones en verso que él y su hermano Baltasar habían compuesto para los días de ayuno, según la ley de Moisés. Presentólas en efecto, y entre muchas se encuentra este soneto:
«Pequé, Señor, mas no porque he pecado
De tu clamor y clemencia me despido;
Temo, según mi culpa, ser punido,
Y espero en tu bondad ser perdonado;
Recélome, según me has aguardado,
Ser por mi ingratitud aborrecido,
Porque hace mi pecado más crecido
El ser tan digno tú de ser amado.
¿Si no fuera por tí, de mí qué fuera?
Y á mí ¿de mí, sin tí, quién me librara
Si tu mano la gracia no me diera?
Y á no ser yo, mi Dios, ¿quién no te amara?
Y á no ser tú, Señor, ¿quién me sufriera?
Y á tí sin tí, mi Dios, ¿quién me llevara?»